Para las generaciones más jóvenes el nombre de He-Man seguramente no les dice nada. Para quienes tienen más tiempo en esto del internet seguramente lo reconocen como ícono de memes. Para una generación de padres fue el héroe de su infancia. ¿Cómo lograr que un mundo y personajes cuyo impacto en la cultura popular es tan diferente y quizá ya esté olvidado, puedan resultar interesantes para lanzar una película sobre ellos en pleno 2026? La respuesta fue sencilla: llama a mentes creativas del estudio de animación Laika para que re-escriban un proyecto que llevaba años en el limbo y te sale una de las sorpresas más agradables del verano.

El director y el escritor importan
Y es que ya es extraño que un director como Travis Knight y un escritor como Chris Butler, mentes creativas detrás de obras del mítico estudio Laika como ParaNorman, Kubo y la próxima a salir El Bosque Salvaje, hayan sido los indicados para poder sacar a flote un proyecto que apuesta por todo y que por eso mismo podría haberse caído estrepitosamente.
La referencia inmediata en cine fue la versión de 1987 protagonizada por Dolph Lundgren y Frank Langella, una épica fantástica que intentaba capturar la estética tan variopinta del personaje original pero que no lograba ni por asomo destacar en ningún apartado. Eso tampoco era algo nuevo, la serie original con todo y su éxito, no era reconocida por su animación, historias o cualquier elemento que hiciera brillar a la caricatura. Y no importaba porque era un proyecto pensado para vender juguetes.
Pero tanto Knight como Butler —y seguramente las manos del guión sobre el que trabajaron: Aaron Nee, Adam Nee y David Callaham— entendieron que no debían intentar un acercamiento similar a ninguna otra obra, ni siquiera el que se vio en los diferentes remakes o reboots que tuvo la franquicia en otras series animadas. El alma de He-Man y los Amos del Universo siempre fueron sus personajes y su mundo tan absurdo como icónico, tan diferentes entre sí y tan carismáticos a su manera, así que se enfocaron en crear una historia que sí, tiene montones de referencias tanto a la serie original, la película ochentera y hasta a los memes, pero cuya sustancia está en que viva y respire por sí misma.

Una épica en toda la extensión de la palabra
Uno de los mayores aciertos de esta película es su capacidad de construir un inmenso universo con su propia complejidad, y lo vemos desde el principio gracias a un prólogo digno de cualquier épica que se toma su tiempo para adentrarnos a este universo fantástico y maravilloso de Eternia, el mundo donde ocurre la historia. Su principal foco cae en nuestro protagonista Adam Glenn, príncipe de este reino y quien se enfrenta a las obligaciones que se le adjudican por ser el heredero al trono.
Pero no conocemos al Adam joven ya formado en las artes de la batalla y las obligaciones más exigentes, conocemos al niño debilucho que tiene que entrenar todos los días a pesar de ser el más pequeño de todos, el que quisiera estar ocupado en cosas menos exigentes para alguien de su edad, el niño que nadie respeta ni siquiera por ser de la realeza —vaya, que pareciera que ni su padre le tiene algo de paciencia. Sus únicos consuelo son su madre, así como el general del ejército Duncan Man-At-Arms (insuperable Idris Elba), y Teela, la hija de éste último y buena amiga de Adam.
Y así conocemos cada uno de los elementos que hicieron memorable a esta franquicia: el castillo de Greyskull, la Espada de Poder, la guardiana Sorceress y los enemigos sumamente villanezcos que son Evil-Lyn, Trap-Jaw, Beast Man y la calaca más querida por muchos, Skeletor, interpretado espléndidamente por Jared Leto —la maldición se rompió, quizá porque no sale su cara.
La aparición de estos últimos desencadenan el conflicto de gran escala que nos mantendrá con la expectativa el resto de la película, llegando a atacar al reino de Eternia para robar la espada de poder y que Skeletor se convierta en señor y amo del planeta, generando la destrucción del hogar de Adam y su escape de último minuto a un mundo lejano para poder guardar la espada y regresar después con sus aliados. ¡Épico!… solo que Adam es un debilucho que pierde la espada en el camino y termina perdido en el planeta Tierra como un niño sin hogar y sin propósito. Y todo esto solo en los primeros diez minutos.

Adam Glenn es el completo protagonista
Que el arco que continúa sea el de, ahora sí, un Adam adulto y perdido es bastante inteligente. Por la propia naturaleza de una película necesitas construir a tus personajes, pero esto regularmente cae mal en producciones de este estilo donde los fanáticos buscan que les den lo que quieren —casi siempre referencias, casi siempre escenas de acción, momentos impactantes antes que sustancia; te estoy viendo a ti, Super Mario Galaxy.
Así que durante los siguientes minutos vamos a conocer las inquietudes de un Adam ya adulto con Nicholas Galitzine haciendo un trabajo bastante admirable. La película se toma su tiempo para darnos a conocer que es una persona tranquila, con empatía y bondad, entregado al lugar del que viene aunque solo lo vean como un obsesionado con historias fantásticas, que por desgracia está atrapado en un mundo que no es de él y que constantemente lo empuja a olvidar quién es. Está lleno de conflictos tan profundos que simplemente vuelven su vida miserable, donde ni siquiera puede construir mejores relaciones en un lugar ya de por sí complejo como lo es el de la Tierra.
Pero para ayer es tarde y Adam no deja de buscar lo que le pertenece, es así que gracias a actitudes que se reflejan bastante con los propios fans de la vida real; como buen friki con un gusto enorme por la fantasía y metiéndose en problemas en su aburrido trabajo, encuentra en una página de subastas la Espada de Poder y con ella la posibilidad de volver a ese mundo que poco a poco pareciera que era una mentira. Esto rápidamente desencadena una serie de eventos que lo hacen reconectar con Eternia, a través de un encuentro violento con uno de los personajes clásicos de la franquicia, así como reencontrarse con su antigua amiga Teela, interpretada bastante bien por Camila Mendes.

La dicotomía del bien y el mal sigue siendo vigente
Aquí cabe recalcar que el tono que prefirieron utilizar el director y el guionista no es el de tomarse las cosas demasiado en serio —eso se lo deja a la forma, a esos momentos épicos que nos hacen entender que estamos frente a algo importante. Una de mis preocupaciones es que la película resultara edgy pero en cuanto nos acercamos a los personajes, estos tienden a ser desenfadados. No todos son así: Teela, por ejemplo, es uno de los personajes más serenos de toda la película. Pero la inocencia de Adam sirve para crear momentos entrañables y graciosos, sin quitarle la seriedad de lo que implica su historia como héroe en este universo, caído en desgracia a manos de Skeletor.
Hablando de Skeletor, pasa algo similar. Ambos tienen similitudes: son de voluntad fuerte, algo ingenuos y bastante graciosos, pero también lo suficientemente diferentes en cuanto a valores y ambiciones para que se conviertan en una antítesis bastante bien definida el uno del otro. Uno de los mayores aciertos de la película es regresar un poco a los cuentos en donde el bien y el mal estaban bien definidos y no había grises que complicaran las cosas.
Y no se me malentienda, creo que esos grises siempre son interesantes y fundamentalmente importantes, pero hay historias que no los necesitan porque la dicotomía entre el bien y el mal pueden ser igual de compleja e interesante, sobre todo en un mundo en donde los extremos ya están a la luz del día. Me parece muy valioso que una película basada en una caricatura que buscaba vender juguetes se atreva a construir un héroe cuyos valores son tan necesarios al día de hoy, y hacer lo mismo con un villano cínico que también es necesario en estas narrativas que hace mucho tiempo habían caído en cuestiones morales oscuras que no llevaban a casi ningún lado.
El MCU, por poner un ejemplo, tiene como uno de sus puntos bajos que ya no sabe qué representan sus héroes al ponerlos constantemente en “dilemas” que no llegan a nada: al pretender hacerlos maduros desde la perspectiva más infantil posible, los llena de una complejidad oscura que no saben ni pueden aprovechar, no como sí lo hicieron en su momento el Batman de Nolan o el Logan de James Mangold, entre otros.
En ese entendido, Amos del Universo es una respuesta al cine de superhéroes con escuela Marvel —aunque seguro muchos dirán lo contrario por su tan presente humor— porque sabe definir muy bien el bien y el mal sin que se caiga en tropos ya desgastados. Por eso es interesante que Adam no sea estoico y sí alguien que no oculta sus sentimientos, y que Skeletor sea tan inseguro a pesar de ser tan severo.
Si a esto se le suma que retratan muy bien la esencia de la serie original sin ignorar todos los elementos con los que estos personajes —sobre todo He-Man— han impactado en la cultura popular en otros medios, entonces nos encontramos un homenaje muy bien trabajado. Se nota el cariño que el director y los guionistas le tienen a todos los personajes y al mundo al que le están dando vida.

He-Man es punkrocker
Por la proximidad de las producciones, no creo que la inspiración directa haya sido el Superman de James Gunn. Pero me parece interesante que a solo un año después del Superman de 2025 nos entreguen un héroe que se siente como ese kriptoniano —un punk rocker al que le interesa hacer lo correcto de las formas más bondadosas posibles, antes de caer en una zona oscura que, desgraciadamente, se ha usado más para romper a estos héroes y dejarlos sin esperanza que para de-construirlos.
He-Man siempre ha sido tratado como una figura masculina a la cual aspirar, pero no por su poder y fuerza, sino por las motivaciones y los valores en los que cree, los cuales lo vuelven un héroe entrañable y digno del poder que se le otorga. Ver que hoy en día un hombre que pretende representar lo mejor de la masculinidad sea un hombre bondadoso me parece uno de los mejores logros de esta película, y que afortunadamente resonará en las nuevas audiencias, y quiero pensar que también en las viejas.
Porque no hay que olvidar que la serie original de He-Man, en cierto nivel, siempre fue muy ñoña. Al final de cada episodio terminaba con una moraleja no muy profunda, pero se volvieron en momentos icónicos de la serie y que genuinamente buscaban despertar la mejor versión de los niños sin que ellos se dieran cuenta. Knight y Butler entendieron lo importante de ello y lo impregnan en su relato —y en una agradable referencia para el final— en el mundo desolado del día de hoy quizá es algo que necesitamos, y no me refiero a realizar juicios morales, sino simplemente intentar ser mejores personas. Intentar ser más como Adam en un mundo lleno de una avaricia como la de Skeletor. 6 michividas de 7 para este clásico instantáneo.

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