Mucho se habla de que en los últimos años hay un desgaste muy marcado en la audiencia sobre las películas de superhéroes, y no se puede negar. Pero a pesar de esta baja de interés entre las personas, lo cierto es que sigue siendo un “género” que invita a la gente a ir al cine. ¿Por qué? Porque nos gustan los superhéroes. Nos gusta verlos siendo capaces de proezas que uno no sería capaz de hacer, pero también porque muchos de ellos pueden mostrar facetas humanas profundas. Así que, ¿cómo te acercas a un género tan explotado en 2026? La respuesta obvia es haciendo una buena película. La menos obvia es ofrecer algo diferente. Supergirl pretende hacerlo, pero lamentablemente se queda a medio camino de lograr su objetivo a pesar de cumplir en otros aspectos.
Conocemos a Kara, prima de Superman, en medio de su escapada a otro planeta con el pretexto de festejar su cumpleaños. Este lugar es una buena forma de huir de todo porque pierde sus poderes kriptonianos gracias al sol rojo de ese sistema para que así pueda emborracharse sin problema e ir de bar en bar con Krypto de única compañía. Similar a Superman de 2025, entramos directo a un mundo donde ya habita y vive nuestro protagonista, al cuál vemos por primera vez derrotado en medio de un hoyo; a diferencia de su primo, Kara es con un personaje que no tiene la voluntad de levantarse y hacer algo al respecto.
Milly Alcock lo hace bien, más que bien de hecho, su interpretación es uno de los ejes más importantes de la película. Tiene la juventud y la arrogancia necesarias que requiere un personaje como Kara, quien en otras contrapartes, ya sea televisión o cómic, ha mostrado ser bastante más impulsiva que Superman, menos sensata y menos interesada en las responsabilidades éticas que su primo sí ejecuta.
Por eso es el personaje perfecto para este conflicto que da el banderazo de inicio cuando conocemos a Ruthye, interpretada de maravilla por Eve Ridley. Ella es una joven hija de herreros de espadas que vive en paz con sus padres y hermano en una solitaria casa cuando presencia el asesinato de toda su familia a manos de Krem, el antagonista principal de la película —interpretado por un muy justito Matthias Schoenaerts. Desquiciado y maníaco, Krem se dedica a aterrorizar cada lugar al que llega para obtener lo que necesita. El villano al no ver a Ruthye como una amenaza la deja libre; gran error, porque Ruthye rápidamente se embarca en un camino de venganza contra él.
Su inocencia la lleva a buscar ayuda en un bar de mala muerte donde terminan aprovechándose de su situación y es cuando su camino se cruza con el de Kara, quien a pesar de querer desentenderse de cualquier cosa que no sea perderse en alcohol —y gracias a la presión que Krypto ejerce sobre ella—, termina ayudándola más de lo que hubiera deseado, ¿la razón?: Krem he dejado malherido a Krypto y Kara no tiene otra opción más que llevarse a Ruthye en busca del malnacido.
Con eso arranca una historia que deja la sensación que tarda bastante en despegar, culpa quizá de que esperamos una dinámica interesante entre las dos protagonistas pero que lamentablemente no termina de llegar. Y es algo curioso porque ambos personajes por sí mismos son bastante buenos, además de que las dos actrices tienen química —pero el guión empieza a sacar sus flaquezas y no logra construir una relación lo suficientemente sólida entre ellas, ni con el propio conflicto que las une como para sostener todo el peso de la película.

El origen de Kara
Nos gusta ver superhéroes por lo que representan pero también porque son personas con conflictos. Aquí lo vemos cuando, en el afán de saber por qué Kara es tan apática, nos adentramos a través de flashbacks a los mejores momentos de esta película: su pasado con la gente de Krypton. Es muy hermoso adentrarse a estos momentos que nos ayudan a entender no solamente porqué nuestra Supergirl quiere perderse en el alcohol y estar todo el día con Krypto, sino que son perfectas expansiones del propio universo que están construyendo con estas películas.
Pero de nuevo el guión falla, no solo porque todo esto llega algo tarde sino porque le dan muy poco tiempo. Supergirl va y viene entre el conflicto principal, que va perdiendo fuerza y los momentos donde conocemos a profundidad al personaje central no duran lo suficiente. La aparición de Superman es uno de esos elementos que se ven poco pero que elevan la película, no solo porque es una suerte de representación del conflicto interno que mantiene Kara en toda la trama, sino porque David Corenswet termina de confirmar que es un excelente Kal El.
El problema es que casi nada de esto termina de aprovecharse. Y aquí es cuando te cuestionas si la mano de Craig Gillespie o la pluma de Ana Nogueira fueron suficientes para el trabajo, que lamentablemente no es así. Craig Gillespie quizá es el menos culpable, y no es que sea el director más sobresaliente, pero tiene películas en donde ha demostrado tener sensibilidad para personajes atormentados. Algo que logra captar aquí gracias a que su cámara trabaja para aprovechar a Milly Alcock. Pero el terreno en el que se mueve está delimitado por un guión bastante plano que quizá sea el mayor problema de la película.

Colorida, pero no se mueve de donde arranca
Supergirl quiere ser un poco de todo a la vez, lo cual no está mal per sé, pero su construcción no es lo suficientemente sólida para que termine de brillar en alguna dirección y solo se quede en ser una película disfrutable sin más que decir. Y los elementos los tiene: la pareja protagonista; la aparición de Lobo —tal vez innecesaria pero da en el clavo gracias a que Jason Momoa hace un espléndido trabajo (se interpreta a sí mismo, pero él siempre ha sido Lobo) y porque los momentos en los que participa hacen lucir al personaje.
Los flashbacks de Krypton son más que interesantes, y los momentos de Superman conectan muy bien no solo con la película anterior, sino con el camino que este nuevo universo cinematográfico quiere seguir. Todo eso contrasta con un final que puede ser controversial, pero que la propia película sabe desarrollar para generar un tono más complejo en la gran escala del DCU y para lo que significa para los dos personajes pilares hasta el momento: Superman y Supergirl. Sin embargo, ninguno de estos factores terminan de elevar a la película lo necesario así que termina estancada.
Al final, Supergirl se puede disfrutar por lo que es, aunque deje una sensación de insatisfacción por lo que debía representar en este universo cinematográfico. Está muy lejos de la grandiosa Superman de 2025, y más cerca de lo que eran las películas intermedias de Marvel allá por 2010 —algo que no necesariamente es malo porque no es que haya mejores películas de superhéroes hoy que en ese año jeje— tomando en cuenta lo bueno y lo malo de ello. Sin duda es un camino que ya se recorrió y eso nos hace pensar que tal vez el “género” está tan explotado que es muy difícil que nos entreguen algo realmente diferente.
Es probable que, venga de quien venga, las películas de superhéroes de aquí en adelante ofrezcan en su mayoría lo que Supergirl nos está dando. O quizá no, quizá esos pequeños destellos como el ver a una superheroína deprimida por la destrucción de su pueblo, verla lidiar con el tormento a través del alcohol, o verla entregarse por rescatar a su mejor amigo canino, sean muestra de que todavía hay terreno por el cuál caminar. Supergirl no pudo dar el golpe en la mesa para terminar de arrancar el nuevo universo cinematográfico de DC, pero tampoco lo echó para atrás, 5 de 7 kryptomichividas

Supergirl: Suma pero no fue el golpe en la mesa necesario
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