En los últimos tiempos hemos sido testigos de una ola de horror australiano que ha sacudido al género con ideas creativas y audaces, que consagran al país como una fuente sólida de artistas, como lo pueden representar Jennifer Kent con El Babadook, o los hermanos Philippou con Háblame y Haz que regrese, referentes infaltables en el terror moderno.
Ahora llega Leviticus: Ritual de sangre, debut en el largometraje de Adrian Chiarella que lo posiciona en el mapa como una nueva voz que se atreve a seguir el paso, con una obra de pesadilla que se mete en el tópico de la sexualidad juvenil con sus tintes gore y religiosos.

La forma natural de amar
En esta historia seguimos la vida de Naim y Ryan, un par de adolescentes que viven en una pequeña comunidad apartada de las grandes urbes, cuyos habitantes se notan fuertemente arraigados a las creencias religiosas de su iglesia local.
Todo comienza como un coming of age, donde conocemos a los personajes y se exponen los valores fundamentales de esta historia, que son cálidos e intensos a partes iguales. El mundo es nuevo para nuestros protagonistas, lo que conlleva un descubrimiento personal y externo, que se ve reflejado en el primer acto de la obra, donde se definen personalidades en base a sentimientos complejos de pertenencia social, orientación sexual y confianza familiar.
Es cuando nuestro par protagonista explora su forma de amar, que la historia da un giro drástico en su naturaleza, pues, al ser descubiertos por sus familias, los someten a una especie de ritual religioso con el objetivo de “tratar” su homosexualidad. A partir de aquel suceso, ‘algo’ comienza a acosar a los jóvenes.

Dos llamas, una para profanar y otra para renacer
El director hace un uso inteligente del terror elevado y las características que este proporciona para los fines dramáticos, pues no sólo se habla directamente de un tema de interés, sino que lo unifica en una premisa funcional que contiene reglas, detalles y una lógica que obedece a la fuente de lo macabro. Un ritual religioso que promete erradicar la homosexualidad, y sus consecuencias sobrenaturales en quienes lo desafían.
Y poco a poco se explica algo de lo que pasa, datos clave sobre la entidad que acecha a los personajes salen a la luz para dar algo de contexto, pero no pierde la gracia del misterio, la información vital se dosifica gradualmente para mantener el suspenso vivo en todo momento.
Además, se cuenta con un factor importante para que la fuerza no se pierda en el proyecto: las actuaciones. El trabajo interpretativo de los dos protagonistas es grandioso, sofisticado por la capacidad de ambos de representar diferentes niveles de emoción para las diferentes escenas; la pasión, el dolor y el miedo actúan como zonas recurrentes en el filme.

El sacrificio de sentir
Como la hermana espiritual de Está detrás de ti (It Follows) de David Robert Mitchell, se puede afirmar que la película de Chiarella toma un camino diferente al del canon popular, pues además de ofrecer una experiencia sangrienta sobre sexualidad juvenil, encuentra en su planteamiento una forma de estudiar la realidad, y elevarla artísticamente por la vía de la narración. Se encuentra el equilibrio perfecto entre sustancia y entretenimiento, usando sabiamente el poder de las capas y la subtrama, para separar mensajes y dotarlos de contundencia.
Es una obra realmente atemorizante, con muerte y sangre por doquier, pero que no vive en la violencia, su corazón gira en torno a una historia de amor, donde la lealtad es base del fervor emocional y el sacrificio una de las formas más puras de amar.
Por ello, este brutal golpe llamado Leviticus: Ritual de sangre se lleva 7 vidas de gato, una calificación perfecta que la propone como una de las grandes sorpresas del año, en un 2026 particularmente bueno para el género negro.

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Leviticus: Ritual de sangre. Amores que duelen y sangran.
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