Can you give me sanctuary
I must find a place to hide
A place for me to hide1
En 1971 Jim Morrison se despedía de este mundo tras quitarse la vida en la bañera de un hotel en París, tenía 27 años; 20 años después Oliver Stone estrenó su interpretación de quién era Jim en su película The Doors —que sobre la banda en realidad profundiza muy poco—, un retrato ambiguo sobre la dualidad de Jim Morrison y el nativo americano que él decía había tomado posesión de su cuerpo tras presenciar durante su infancia un accidente de auto en el desierto.
El Rey Lagarto es retratado por Val Kilmer como Dios y Stone le dieron a entender, él de hecho estaba buscando una primera gran oportunidad para salir de papeles de menor prestigio2, y vaya que le salió. Es por ello que la búsqueda no es hacer al Jim Morrison documental sino crear un personaje que pudiera mantenerse en el inconsciente colectivo, y es así que aunque dista de la personalidad real del oriundo de Melbourne, el performance de Kilmer es memorable para cierto sector de la audiencia.
Y así nos sumergimos en una vorágine que representa a su modo la esencia de abrir la puerta del inconsciente para la mejor compresión del individuo, aunque con ello la imagen de Morrison ante el público parezca más la de un vulgar drogadicto con delirios de persecusión que propulsaban su concepción de la sexualidad que sobre el individuo profundo que realmente llegó a ser en vida.
Jimmy Carter agiganta mi pensamiento sobre la percepción que deja este film, pues desde una visión periodística —vaya paralelismo—, cuestiona a Stone sobre la dificultad de representar a una persona tan insana en pantalla grande, a lo que Stone declara evasivamente que siempre será difícil dar voz a un personaje así, y que mucho recae en la interpretación individual de cada detalle que el autor tenga sobre la vida del personaje.
Nada de lo anterior impide que The Doors (1991) deje de ser un clásico de culto o que la interpretación de Kilmer no tenga calidad, más bien habla de lo más profundo que necesita una película para serlo: ser una representación de la realidad.3
Nada de lo anterior impide que The Doors (1991) deje de ser un clásico de culto o que la interpretación de Kilmer no tenga calidad, más bien habla de lo más profundo que necesita una película para serlo: ser una representación de la realidad.

Otro Jim Morrison, no el nativo americano, otro…
La realización de la película no carece de virtud, las escenas que representan la música son excelsas —aunque sería completamente injustificado que en un biopic musical no lo fueran—, y las que representan la psique de Morrison pueden ser cuestionables, pero por supuesto que se perciben coherentes con el propio discurso del realizador, y se vería propulsado este estilo años más tarde con Natural Born Killers (1994).
Basta con ver la escena del Dinner Key Auditorium en marzo del ´69, donde Morrison —aprende algo Malilla— muestra su pene de manera gráfica ante todo su auditorio, en la película presentado como un acto de perversión bajo el influjo de sustancias, pero que desde la perspectiva de Morrison era más bien una forma de protestar ante un público que no le interesaba su arte más que el propio artista y su cuerpo: ¿vinieron a verme?, aquí me tienen… mientras cientos de chicas morbosean el cuerpo del líder de los puertas.
No pasa nada cuando tenemos una representación arbitraria, pero creo que es justo mencionar que una forma de contar una historia no hace que eso sea la Historia, ahí es donde fracasa la película; llamarse The Doors cuando es un retrato sobre Morrison, sus excesos y su relación profundamente tóxica con la mujer de su vida.
Y aunque no comparto la visión de Stone, me parece que la película sí sabe invadir la época de los 60s y reproducir parte de su verdad, desde la ideología política que representaba el movimiento hippie, pasando por la megalomanía de Andy Warhol y el espanto que causaba que Morrison cantará que quería matar a su padre y cogerse a su madre, a pesar que dentro de su perspectiva chamánica fuera más una forma de filosofar que una intención real.

Ikaro mo(lero)derno
Cuando hablamos de biopics musicales, la época del estreno de está evoca otro tipo de tramas similares, como la pletórica Sid y Nancy (1986), que para ahondar en la toxicidad más íntima no hay mejor referencia —incluso pareciera que Stone se inspira un cachito en la tendencia de ese film. Incluso pareciera beber de una película de la misma era qué Morrison, More (1969) de Barbet Schroeder y que si les gustan estas piezas psicodélicas recomiendo mucho ver.
Y es curioso el caso de Oliver Stone ahora que lo planteo, a pesar de que su estética es muy medida y llamativa, es notorio que suele presentar películas con premisas argumentales muy similares a las que otros realizadores están presentando en ese momento o que en su defecto emulan el estilo estético de su publicidad en la búsqueda permanente de ser reconocido por la academia menos objetiva de la historia.
El cine —como todo en esta vida— es acerca de la política alrededor de la pieza y en el interior de ella, se nota la búsqueda formal del director, llenar los ojos de una academia que le había dado todo con Platoon (1986), recayendo así en sus propios vicios. De hecho me parece increíble que decida dedicarle a The End una secuencia, cuando la historia del cine ya había elegido mucho tiempo atrás a qué serie de imágenes iba a responder esa pieza musical eternamente, y aun así lo hace, porque el ego de Stone le dice que es capaz de reformar la historia del cine sobre nombres como Kubrick, Coppola o Tarantino —spoiler, no lo logró.

El desfile suave
Esta versión extendida nos conecta con una cantidad inmensa de secuencias de montaje brillantes, acompañadas por supuesto por las piezas más populares de la banda, una selección de música llamativa por no ser progresiva en el espacio-tiempo, sino usar las canciones necesarias durante los momentos clave, aunque algunas no tuvieran que ver con el contexto temporal, más sí con el emocional de Morrison.
Y una vez más, la película sigue a Jim, los otros integrantes quedan reducidos a espectadores de una vida tan pragmática, incluso Kyle MacLachlan que esta impecable y da vida al segundo integrante más importante de la banda, se percibe diluido y estando ahí solo para reaccionar al monstruo que el propulsor con su amistad. Porque sí, el tímido y retraído Morrison que en sus primeros conciertos no era capaz de ser un frontman que diera la cara —según la lógica de la cinta— también es el mismo que se sube al toldo de un auto frente a una multitud y grita: I´m the Lizard King.
Y es que The Doors es una película que entiende perfectamente su tono, su discurso y su atmósfera, no es incoherente dentro de su diégesis, sino con la realidad detrás de Morrison, pero eso no tiene nada de malo, porque te guste o no Stone, la película es brillante y una pieza de ficción profunda, que entreteje la memoria de un moderno adonis recaído en la perversidad. El Jim de Kilmer es fenomenal como personaje de ficción, y llena de color la pantalla —aun con todo y referencia a Travis Bickle—, el papel lo llevo a otro lugar en Hollywood, y es innegable el trabajo.
Ahora esta pieza cumple 35 años, y es indispensable disfrutar en 4K y en pantalla grande de ella, las secuencias que propulsan las ideas chamánicas y de doble identidad son sublimes, y es una marejada que perfectamente representa el pensamiento transversal y de apertura mental que Jim Morrison expresó en su obra. Detesto calificar una película de culto, pero para mi tiene 5 de 7 vidas de gato clásico, vayan a verla y generen su propia interpretación, sin olvidar que para interpretar hace mucho más que abrir la mente en una película americana.

- The Doors (1969). The Soft Parade de The Soft Parade. Elektra Entertainment Co. ↩︎
- Cleveland Live Music (2023) Val Kilmer on Jim Morrison The Doors Thunderheart Native Americans – Later 4/1/92. United States. Recuperado en https://youtu.be/lreA2Wdy9Bo?si=4dcjDiF_fxXg10XX durante mayo de 2026. ↩︎
- Jimmy Carter (2015). Oliver Stone talks The Doors with Jimmy Carter. United States. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=5fidEoogkVU&t=1s durante mayo del 2026. ↩︎
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