Backrooms: El Horror de no ser recordado

Los Backrooms forman parte de un concepto creado colectivamente en las cavernas de internet. Una leyenda urbana que, al estilo de una creepypasta, surge a partir de una imagen, de la que se saca una premisa perturbadora. Sobre una realidad alterna de nuestro mundo en la que podemos caer por accidente, un laberinto infinito que replica espacios de nuestra realidad, pero sin nada que habite sus salas vacías, ni coherencia, ni humanidad.

En 2022, un canal de YouTube con el nombre de Kane Pixels sube un cortometraje sobre este relato cibernético, el resto es historia, una idea que despegó hasta hacerse película este 2026, de la mano de la productora A24, y el director más joven enlistado en sus filas.

El ícono de internet salta a la pantalla grande

Kane Parsons tenía 16 años cuando desarrolló su concepto sobre los backrooms, y la comunidad virtual puede sustentar firmemente sobre la importancia de su propuesta, pues no sólo rompió internet, sino que avivó una llama creativa de terror liminal que, a través de una serie de 22 videos del creador, mantuvo al borde del asiento a millones de espectadores que ahora celebran con entusiasmo el estreno de la película.

En esta historia seguimos la vida de Clark, un hombre de mediana edad que se encuentra en un punto crítico de su vida, hace tiempo que su pareja lo ha dejado, su negocio de mueblería no llama la atención de nadie, y su sueño de ser arquitecto ha quedado enterrado en el olvido. Para tratar las preocupaciones que lo atormentan, Clark acude a terapias con una psicóloga de nombre Mary, la segunda protagonista de esta historia, que mantiene un perfil profesional con sus pacientes, pero que oculta una vida igual de compleja y desafortunada.

Todo cambia una noche, cuando Clark descubre en el subsuelo de su establecimiento una especie de puerta, una entrada a un lugar misterioso que rompe toda lógica conocida.

El sufrimiento de una vida en soledad

El trabajo de construcción que tiene la historia presenta una labor de escritura sobresaliente, que cimenta el peso dramático de los personajes con antecedentes y hechos que determinan sus motivaciones y traumas, como una carta psicológica que describe sus densos pensamientos y los plasma con una sabia sutileza. Un guion inteligente que se consolida gracias al talento de los nominados al Oscar, Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, que ofrecen dos interpretaciones que llenan el espacio, con presencia actoral y profundidad narrativa.

Por un lado, Reinsve (Mary) es la sensibilidad, la cara pasiva de la melancolía, que recuerda su pasado con tristeza y anhelo, pero que se adapta al inevitable sistema, donde no es más que otra pieza; una famosa terapeuta que detrás del telón, es otra paciente. Ejiofor (Clark) es lo perturbador, un hombre dañado por el mundo que no acepta el maltrato que ha sufrido, que se aferra a lo que desea y lucha por eso que aún le queda, su denigrada dignidad.

Al final, esta película es más que otra entrega de terror, retrata la tragedia humana de lo que significa vivir en soledad, con el peso de un destino que nunca se pudo cumplir, y conviviendo con los vestigios de lo que fuimos en la memoria de quienes nos conocieron. 

Una probada de la pesadilla liminal

La línea “No deberías estar aquí” es la fuente del temor que nace en este vecindario, el motor que mueve a la obra y que promueve un modo diferente de tener miedo, que se basa en la irónica cercanía con estos escenarios, y transforma la relatividad de lo conocido en una incómoda verdad: “No estás seguro aquí”. Además, el manejo y la genialidad del horror analógico en Backrooms es esencial, un formato por el cual el suspenso se catapulta, donde la cámara es un testigo del horror crudo y una ventana difusa de lo sangriento, que nunca es puramente gráfico, sino sugestivo. 

Lo aterrador no es lo que se ve en primer plano, sino el ‘ruido de fondo’, lo oculto del otro lado de la pared. Esa sensación de terrible tensión y expectativa sostenida que el director consigue inmortalizar con gran audacia en esta extraña ficción.

Backrooms es una película que no está por los sustos o por las grandes hazañas, es más bien una obra sensitiva, una experiencia inmersiva donde los analíticos serán los que más disfruten, pues más allá de sus eficientes valores de producción, lo que propone es una suerte de espejo tétrico, que refleja varias verdades atroces sobre nuestra mente y la fragilidad de esta. Por ello, la calificación para el nuevo proyecto de A24 es de 6 vidas de gato de 7, una gozada de acto que hace justicia al concepto liminal.

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