El Diablo Viste a la Moda 2: El diablo subió a la Tierra y ahora es humana

Hollywood tiene una manía bastante cuestionable, de realizar remakes, reboots y secuelas de películas clásicas de cualquier época, incluso de una que se siente tan próxima —que no lo es tanto. Así que el anuncio de la secuela de El Diablo Viste a la Moda no era ninguna novedad. Personalmente no me considero fan acérrimo del clásico de 2006 pero disfruto mucho cada vez que la veo. Afortunadamente, El Diablo Viste a la Moda 2 es una digna secuela de la original que logra posicionarse como una película interesante en sí misma gracias al rigor de su producción pero también por atreverse a hablar de problemas reales que le atraviesan al mundo que retrata. 

¿Qué puedes contar en una historia que pareciera ya haberlo dicho todo? Ese es un reto bastante difícil para una película autoconclusiva y es por eso que la primera idea que se le viene a uno a la cabeza es que se enfocaría en la nostalgia de la primera. Pero no es así. Esta particular secuela no solo homenajea a la original dentro de lo esperado sino que lleva a sus personajes a un nuevo rumbo; quizá uno que no estaba en los libros en los que se basa, pero sí uno que el director, la escritora y el cast descubrieron a la perfección.

Repite Anne Hathaway como Andy, quien es ya una prestigiosa periodista a punto de recibir un galardón reconocido en el mundo periodístico. Pero el mundo actual no es el mundo de 2006 y lastimosamente queda fuera de su profesión más querida por culpa de despidos masivos a causa de nuevas prácticas de negocio en su editorial —algo que, de entrada, nos coloca en la realidad que vivimos. Un paso bastante interesante por parte del director para este personaje y que ya nos deja en claro que le interesa contar algo más que solo replicar momentos icónicos de su película original.

Andy en medio de la indignación encuentra una oportunidad de regresar a Runaway, revista de moda que sigue siendo referente y que sigue al mando de Miranda Priestley —obviamente repite Meryl Streep y es impresionante no solo por su entrega, sino que parece que no pasaron ninguno de los veinte años entre esta película y la original. Esta oportunidad ocurre porque también Runaway está en una crisis y el dueño de la revista decide agregar al equipo editorial alguien con prestigio y experiencia.

Sí es una secuela, pero también va más allá

Al principio de la película vemos muchas referencias a la original —algo que se agradece porque están bastante bien cuidadas. Son pequeños guiños aquí y allá que no solo nos recuerdan quiénes son los personajes, sino que también nos sitúan en cómo, a pesar de los cambios que una persona atraviesa, al final seguimos siendo los mismos.

¿Pero entonces cómo regresar a esta historia sin que sea repetitiva? Hay un cambio bastante drástico al inicio: saltamos de la perspectiva de Andy a la de Miranda. Aquí ella ya no es ese ser misterioso que veíamos desde afuera, desde el punto de vista de Andy. Ahora vemos las cosas desde su perspectiva y eso rápidamente lo vuelve interesante —no solo porque humaniza a Miranda, sino porque se presta a darle una evolución, o al menos a entenderla y a simpatizar con ella. Un movimiento muy inteligente para llevar esta historia que, evidentemente, no se queda solo como una novedad, sino que tiene repercusiones en la historia de Miranda, la de Andy, y todos quienes están a su alrededor.

Gracias a esto tenemos momentos muy inspirados pues al ver desde otra perspectiva a Miranda podemos incluso burlarnos de ella misma —en algún momento vemos como ella misma cuelga su propio abrigo y mencionan que no pudo continuar realizando prácticas abusivas porque RH le puso un límite. Y eso se expande también a la relación que tiene con los otros personajes entrañables que regresan: Nigel y Emily.

Hay un puñado de nuevos personajes que suman lo que deben pero que nunca quitan protagonismo, como la nueva asistente de Miranda, o su nueva pareja en esta labor, o cierto interés romántico; pero también los hay quienes definen el conflicto a desarrollar, así que tenemos a Justin Theroux y B.J. Novak interpretando a unos tech bros, perfiles que se han vuelto recurrentes como antagonistas en películas recientes y que nunca es cansado verlos como villanos.

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Esto no significa que la película sea perfecta. Quizá este mismo intento de querer abarcar más puede sentirse fuera de lugar para quienes estaban acostumbrados a una Miranda impecable. Pero en lo que a mí respecta, es el mejor acierto que tiene esta película.

Lo que termina de redondear la película es que se atreve a ir más allá del mundo de la moda —y no es que lo deje de lado—, en todo momento es el aspecto más cuidado, con vestidos, trajes, prendas, cameos, pasarelas y lugares icónicos del fashion world, pero no se queda en eso. El Diablo Viste a la Moda también trata de cómo la generación de Miranda se está enfrentando a un mundo que pareciera no necesitarla. Y también de como Andy, que a pesar de seguir siendo joven, ya no está en sintonía con las nuevas formas de negocio y ella y su profesión están siendo golpeadas en la actualidad.

No quiero ahondar demasiado en este detalle, pero me pareció muy encomiable que la IA aparezca en la conversación —aunque sea de forma tangencial. El respeto al periodismo serio también se ve reflejado en lo que representa Andy y en lo difícil que es para ella que la tomen en serio. La película, sin embargo, siempre le da su lugar, y eso es uno de los pilares en los que se sostiene esta historia que sorprende para bien. Ojalá así fueran todas las secuelas que quieren sacar provecho de viejas glorias. Esta se atreve a posicionarse, aunque sea un poco, en el mundo actual, a través del amor a la moda y el respeto que se le tiene a ese universo fashionista.

El trabajo técnico realizado no se queda atrás y es un gusto ver a un realizador que se toma tan en serio su puesta en escena con el rigor que lo merece —no se puede esperar menos de una producción que habla del mundo de la moda a ese nivel. La mano del director se complementa en la cámara; en el movimiento de sus ángulos hay transiciones espléndidas que encajan muy bien con el tono de la película, pero que no están hechas para atraer la atención de la audiencia de TikTok. El cuidado con el que está filmada tiene más que ver con la intención cinematográfica del director, demostrando en su narrativa lo importante que es para él el medio cinematográfico, que yo lo encontré cierto paralelismo a su admiración a la moda.

El Diablo Viste a la Moda 2 no pretendía ser más que un retrato del mundo de la moda actualizando su discurso al mundo actual, pero esta digna secuela lleva a un terreno nuevo lo que ya nos contaba la original, y en estos tiempos de secuelas que no van a ningún lado o remakes que no cuentan nada, eso es algo de agradecer. Lo único que el film necesitó es ser fiel a sí mismo para poder conseguir todo lo que se propone. Es quizás una de las secuelas más interesantes dentro de la cultura popular cinematográfica actual, y por ello le doy 6 de 7 michividas de calificación. Disponible en Cinépolis y Cinemex.

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