Los Radleys: Vampiros sobrios, melosos, y… sombríos

Los Radley son como cualquier otra familia… excepto por un pequeño detalle: son vampiros. Optando por un estilo de vida abstemio, conviven en perfecta harmonía con sus vecinos, sin levantar sospechas. Sin embargo, cuando sus hijos adolescentes sucumben a una irresistible sed de sangre humana, el secreto familiar quedará al descubierto. La inesperada visita de un pariente que da rienda suelta a sus instintos sangrientos echará más leña al fuego, poniendo el mundo de los Radley patas arriba.

Entre el cine teenager de Luca Guadagnino y lo más meloso de Crepúsculo

La saga de Crepúsculo ya es un clásico de culto para su fandom, una saga amada y criticada al mismo nivel, pues su representación de la tradición del vampiro sugería un melodrama romántico un poco congestionado, sin embargo ¿Que los vampiros no suelen estar sumergidos en una melosa tradición sexual?. Recientemente vivimos la maravillosa Nosferatu de Robert Eggers  en cines, y la obsesión del conde Orlock era por demás cursi. 

Los Radleys no le llevan la contraria a esa concepción del vampiro ninfomano y se envuelve en una bruma teeneger al puro estilo europeo del director Luca Guadagnino —aunque nunca tan valioso como el trabajo del italiano. Solo hay que ver la estética que maneja en películas como Bones and all (2022) o Call me by your name (2017), donde las características sublimes en su forma van bien coaguladas a los romances que nos presentan.

Así si eres asiduo de los dramas adolescentes y además te gusta el estilo sobrio de los europeos, probablemente estés ante una película que disfrutarás bastante.  No me mal entiendan, lo poco que se asemeja a Guadagnino es en ese estilo alejado a Hollywood, una forma de contar poco convencional para el tipo de historia, que en realidad, bien podría ser parte del universo Crepúsculo

Sobria y sombría

Sumergida en una correción de color versoda que poco atractivo tiene, la película puede catalogarse como correcta en su forma, incluso es notoría la construcción de universo que tiene, heredada de la novela homonima del inglés Matt Haig, quien lanzó este texto en 2010 (plena era Crespúculo). Y es de hecho lo que podemos valorar más, un universo lógico y condicionante; sin embargo su adaptación a guion no cumple las mismas características.

El guion se siente sobrecargado y poco profundo, como si del piloto de una nueva serie de televisión se tratase, y respondiendo a un lenguaje más televisivo que cinematográfico. Euros Lyn, director de la película, viene de la televisión, y se nota, y aunque no deberíamos valorar al cine de la misma manera que la TV, es cierto que el propio realizador no deja mucho en el medio, su lenguaje y convenciones cinematográficas son pobres y recuerdan el estilo de un grupo de productores diciendo que es lo que tiene que aparecer en una serie y que no. 

Enrevesada, caótica, larga, episódica y mucho más rezagada a sus personajes principales y secundarios, lo que es extraño en el cine, pues la concepción general de lo que es el uso del tiempo para expresar no es una de las reglas del estilo de una serie de televisión. Me parece un experimento que se contradice,  y que poco aporta a la concepción audiovisual del vampiro, por más que a nivel textual tenga un buen desarrollo de conceptos. No hay suficiente cine en esta historia. 

Una película para un nicho que quizá no termine por gustarte

Estos vampiros galeses podrían fácilmente impresionar a un nicho muy específico, así como desagradar al público general, me parece que el tratamiento es muy cercano a que tenga su éxito entre algunos aficionados de las historias de vampiros. Está lejos de un clásico como The Lost Boys (Joel Schumacher, 1987), pero comparte muchas características y estilo. En todo caso siento que se acerca a una serie como la olvidada Hemlock Groove (2013-2015), ojo que cada una responde a diferentes públicos. 

Mención especial a Kelly Macdonald, que con todo y lo extraño que es el tono actoral de la película, brilla como en aquella primera película que hizo Trainspotting (Danny Boyle, 1999). El resto del elenco se percibe desentonado, quizá un error que viene desde el propio director. 

Sí, es de nicho, melosa y verde, no es mi estilo, pero creo que definitivamente tiene un público. Obviamente cada quien tiene la obligación de generar su propia concepción de las cosas, por lo que te invito a que la vayas a ver pronto a salas mexicanas, traída por Corazón Films. Yo le voy a dar una sola vida de gato de las siete que tengo, aceptando que yo no disfruto este tipo de películas. 

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