¿Está funcionando esto? Reavivando la llama

Al lidiar con la edad madura y un divorcio inminente, Alex busca un nuevo propósito en la comedia neoyorquina. Mientras, su esposa Tess enfrenta los sacrificios hechos por su familia. Ambos deben lidiar con la crianza compartida, la identidad y la posibilidad de que el amor adopte nuevas formas.

Después de Nace una estrella y Maestro, llega la tercera película de Bradley Cooper en su faceta de director, ¿Está funcionando esto?, una comedia incómoda sobre las complicaciones del matrimonio que junta a Will Arnett y a Laura Dern como los protagonistas enfrentados.

Una apuesta deprimente pero amorosa sobre el cambio, que se sumerge en las preguntas más recurrentes y conflictivas sobre el compromiso en pareja y las desmenuza con atención, buscando respuestas que reparen los corazones rotos; todo acompañado con una pizca de humor que hace de la película algo más digerible.

Una desdicha nocturna

En la historia seguimos los pasos deambulantes de Alex Novak, un hombre de mediana edad que se ve afectado profundamente a causa de la reciente separación con su esposa, Tess. La sombra de un inminente divorcio se hace presente y Alex cae en la bruma del futuro incierto, quedándose solo en un frío departamento, lejos de su familia, y con la cabeza llena de dudas. Todo cambia cuando una noche nuestro protagonista decide entrar a un bar y apuntarse al micrófono abierto esto para evitar pagar la entrada al lugar.

Es a partir de esa noche definitoria que Alex descubre un camino diferente, un sentimiento de desahogo y alivio venido de hablar frente a la audiencia, una especie de terapia que da un nuevo rumbo a su desdicha y le ofrece un lugar seguro en el mundo de la comedia de stand-up.

Una película de actrices y actores

El tratamiento de la imagen es clásico, sigue las reglas básicas del drama, y denota una pasión artística que se refleja principalmente en la propuesta actoral, que, siguiendo un estilo caótico y realista, expresa las ideas con espontaneidad. Posee un ritmo frenético que obedece a los gestos, que aspira a la crudeza de Cassavetes y rebota entre los rostros para desatar el diálogo humano, no sólo con las palabras, sino con los gritos, el lenguaje corporal y las miradas desencajadas. 

Hablando de la calidad técnica no podemos decir que el director lo haga perfectamente, pues existen rasgos que rebajan la agudeza de la narración, que en lugar de sentirse como una realidad creíble debilitan la puesta en escena con tensión injustificada, líneas de fuerza insuficiente, y pretensión de la historia a determinados sentimientos. Lo que podemos reconocer, en cambio, es el tratado de las actuaciones, pues Bradley Cooper conoce la materia de lleno, y es claro que da el espacio correcto a sus intérpretes, para maniobrar con las emociones implicadas y desarrollar no sólo a sus personajes sino a toda la narrativa implicada: la dramaturgia es el móvil de la obra, y aunque el resto de los elementos no sean centrales, son eficientes.

Sacrificios, empatía y madurez emocional

La primera mitad de la película es un caos urbano, que usa las luces de la ciudad como marcas eternas de deslumbre, que se encarga de posicionarnos en la sombra de los protagonistas y su entorno, dando a conocer vagamente sus anhelos, pero dando pistas a través de acciones sencillas, de eventos importantes pero modestos, que hablan del problema, pero se limitan a fluir a través del río del cambio, sin suponer o solucionar cada estrago, sino funcionando según la marcha.

La conversación seria llega hasta la segunda mitad, pues es en esta donde brotan las preguntas más interesantes, sobre lo que implica estar casado, los sacrificios que surgen y el sufrimiento que se oculta en una relación. Con los matices y papeles que ocupan la admiración y el apoyo entre dos personas que construyen una vida juntos. 

Lo sustancial se ve abordado aquí y aunque cambia el tono que llevaba acarreando la cinta, es para mejor, pues se fabrica y pule un discurso maduro e intrigante sobre el valor de la sinceridad y el trabajo en equipo: una representación densa pero cálida de la vida amorosa universal. ¿La calificación final? 5 de 7 vidas de gato.

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