El debut en la dirección del legendario actor Daniel Giménez Cacho llega a cines mexicanos, un drama con tintes de terror psicológico que habla sobre violencia en una época que parece no dejar vigencia con el tema.
Con Diana Sedano como protagonista, la obra nos presenta una historia de resiliencia forzada, una mirada triste pero audaz sobre el trauma y la opresión en un sistema atrofiado que permite la existencia de “seres intocables”, que atentan contra la vida humana y condenan a las víctimas de sus actos a vivir con el martirio de recordar las peores tragedias.
Tormentas del pasado.
La historia sigue los pasos cansados de Juana, una periodista que, tras años de estrés y trauma acumulado, se enfrenta al momento más agudo de su vida, pues un hombre poderoso que investigó en el pasado, ha regresado a su visión, y ahora tiene que revisitar recuerdos y tormentos que le impiden vivir en tranquilidad.

Es una obra dramática personal y agobiante que retoma el tema de la violencia de género, que desencadena lugares comunes como: la violación en la familia, las redes de tráfico humano, y el papel de las figuras de poder en el sistema podrido, que permite actos atroces y calla los secretos con el pretexto de no poder hacer nada al respecto. A través de los ojos de una mujer que ha perdido mucho gracias a esa horrible “normalidad”, vemos el trauma como una herida que no sana, una contradicción al viejo “la vida sigue” que afirma la falsedad de dicha frase y, de hecho, desemboca en la vida como un castigo peor que la muerte; entre ataques de ansiedad, cruel rutina, y secuelas psicológicas que no hacen más que agravar los daños heredados.
La vida después de la muerte no sigue
Haciendo uso de la imagen, el horror consume la pantalla de forma literal en varias ocasiones, pues se toma la decisión de usar trucos digitales y de montaje que encajan las pesadillas de la protagonista en los ojos del espectador, haciendo de la puesta en escena una serie de golpes de suspenso que sueltan pistas y detalles puntuales, que abren preguntas sobre el pasado de Juana y los eventos ocultos en la trama inmediata.
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El diseño sonoro es primordial en la narración de esta historia, entre susurros, gemidos y alaridos descubrimos el fondo de cada escenario, el paisaje cambia, y nos expone los mensajes dependiendo la disposición de los personajes y su contexto: desde la lluvia amenazadora en los exteriores, hasta los ruidos fantasmales en la estancia de Juana.

El trabajo actoral también es sobresaliente, Diana Sedano como Juana es una declaración de valentía, un recordatorio de la felicidad que se pierde y la ira que surge tras la tragedia. A través de sus gestos y arrebatos repletos de rencor florece no sólo un alma triste, sino la cara transgresora de la justicia, que, asumiendo las consecuencias decide levantar la voz. A su lado, y una interpretación digna de destacar, tenemos a Margarita Sanz, que también hace un buen papel interpretando a Amelia, la madre de Juana de compleja profundidad.
El trabajo del actor hecho director.
El salto de actor a la silla de dirección supone un cambio significante en el control de la materia cinematográfica, y aunque la ópera prima de Daniel Giménez Cacho no es un círculo redondo, afronta el rol de una forma eficiente; aporta y no desperdicia el escaparate que ocupa.
Además, la idea preparada por años por el actor y la guionista Emma Bertrán es empática, vigente a la situación social actual, y una conversación que, en la conversión realidad-ficción, rescata materia que fortalece la narrativa central, ya sea para hablar sobre mujeres violentadas o atrocidades similares al caso Epstein, de pura maldad humana. Más allá de otro reflejo crudo del delito, una razón para seguir apoyando causas comunitarias como las presentadas aquí.
Por su valentía y temática aniquiladora, le corresponden a Juana 5 de 7 vidas de gato, una obra de relieve en el cine nacional que se vive mejor en pantalla grande. Disponible en Cineteca Nacional.

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