Nuremberg: El Juicio del Siglo. Diseccionando el genocidio.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, el psiquiatra del Ejército estadounidense, el teniente coronel Douglas Kelley, es asignado a evaluar a Hermann Göring y a otros altos funcionarios nazis mientras los Aliados preparan los históricos Juicios de Nuremberg. A medida que Kelley se adentra en la mente de los líderes del régimen, se enfrenta a una cruda realidad: cómo hombres comunes son capaces de una maldad extraordinaria.

De la mente de James Vanderbilt, guionista de la increíble Zodiaco de David Fincher, llega Nuremberg: El Juicio del siglo, su segunda película como director que trae de vuelta al cine el tema de los juicios de Nuremberg, esta vez con un thriller judicial protagonizado por Rami Malek y Russell Crowe.

Una película con hambre de grandeza que busca la atención del público a través de una representación entretenida pero también muy atrevida, que desvela un episodio gris de la historia universal.

Los campos de concentración

En el pasado ya hemos tenido adaptaciones de la oscura realidad que rodea a los juicios de Nuremberg, llevados a cabo entre 1945 y 1946, el ejemplo más trascendente es Judgment at Nuremberg de 1961, película dirigida por Stanley Kramer que representa la expresión más alta y prolija que ha tenido el suceso en la ficción cinematográfica. Y es que la segunda guerra mundial fue sin duda la tragedia más relevante del siglo XX, sus implicaciones siguen siendo impactantes a casi un siglo de sus eventos y su análisis es tan necesario aún en esta época moderna, dada la frágil línea que nos separa constantemente del horror bélico. 

En esta ocasión la historia nos encuentra con el nombre de Douglas Kelley, un psiquiatra estadounidense que es encomendado a analizar las mentes de varios dirigentes alemanes con el fin de evaluarlos y prepararlos, pues el mundo ahora en paz ha tomado la arriesgada decisión de enfrentar a estos militares y juzgarlos por sus crímenes contra la humanidad.

Una deconstrucción épica

Nuremberg: El Juicio del Siglo es una escalera al infierno, una película que empieza potente pero simpática, que nos introduce a la Alemania de la postguerra con una cara triste pero digerible, con toques de comedia y cálida ambientación, un diseño de producción correcto e inmersivo, que hace del metal, los escombros y los uniformes, el lenguaje que aún remueve la psique del sobreviviente, quien ahora habita un mundo en reconstrucción.

Hablando de las poderosas interpretaciones, tanto Malek como Crowe ofrecen actuaciones competentes y dignas de elevar, el carisma de ambos y su duelo disimulado es un goce y un dote beneficioso para el volumen dramático de la narración, pero el último es quien se roba la cinta, cada escena con Crowe es una ventana abierta que encara al demonio en su forma más pura, un adulador y gigantesco mal que, justificando sus actos con una lógica traicionera, nos acerca a su regazo sin que nos demos cuenta de ello, haciendo de la moral humana algo tan ambiguo que sucumbe a los más astutos argumentos. 

Desde la primera impresión, Hermann Göring es el monstruo, uno tridimensional y amenazante que con su sola presencia desborda la trama, llenándola de desesperanza, pero también de una terrible duda.

El dilema está entonces condenado, a algo más grande que “Bien” y “Mal”, pues la justificación de los hechos es tanto razonable como tramposa en un contexto de patriotismo, humanidad, y victoria.

La oscuridad detrás del telón

El director de Conspiración y poder (Truth) ha demostrado su interés en tratar las verdades incómodas del mundo, aquellas cuyas respuestas son afiladas y complejas, que dejan perplejo al espectador no sólo por las desgracias en sí, sino por los efectos que tienen y pueden tener en el futuro próximo; Nuremberg no es la excepción.

Lo que propone la obra más allá de la ficción es aterrador, un enunciado aparentemente prohibido que pone en duda la sanidad humana y cuestiona la singularidad del hombre sádico como una normalidad existente en todos los rincones del mundo. 

El fondo de esta épica anécdota es abrumador, deprimente, y un dolor de cabeza que no permite sacar de esto una conclusión positiva, pero igualmente, nos encontramos frente a una experiencia enriquecedora, que puede alterar espíritus para bien, potenciando una declaración social necesaria y determinante sobre el holocausto y la responsabilidad del que tolera la guerra. La calificación entonces para una tragedia bien tratada es de 6 de 7 vidas de gato, una recomendación sólida.

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