Hamnet. Apasionante acercamiento al lado humano de Shakespeare.

La capacidad humana de crear arte y contar historias es lo que nos vuelve únicos en este planeta, pero esas historias no vienen simplemente de la imaginación sino son construcciones de la propia vida por la que estamos obligados a caminar y que inevitablemente nos motiva a sentir cada momento importante de ella. Hamnet explora el origen de esas historias –la de William Shakespeare– y cómo las obras artísticas son catalizadores de las experiencias ineludibles de la existencia.

El caso de Chloe Zao es curioso aunque no extraño

A Zao le tocó una época peculiar en Hollywood, donde directores independientes que conocen el renombre relativamente rápido son inmediatamente invitados a formar parte de las grandes producciones. Personalmente no soy el más entusiasta de la directora, pero entiendo perfectamente cómo es que su tercer largometraje Nomadland le otorgó ese prestigio; lograr el máximo premio en los Oscares no es poco, y ganar la atención inmediata de las majors es una oportunidad tentadora.

Curiosamente –y como ya le ha pasado a muchos– fue justo el siguiente proyecto venido de la mano de Marvel, Eternals, que la dejó en una situación de incertidumbre, a menos de cara a quienes ya la reconocen como una cineasta con renombre. Entonces la duda surgió: ¿Qué es lo siguiente que hará? ¿Regresará a lo que ya venía haciendo con historias más contenidas o volverá a apostar a la maquinaria hollywoodense?, –en 2021 se había anunciado que dirigiría una nueva adaptación de Drácula pero no se sabe nada desde entonces.

Hamnet fue la película elegida como su siguiente proyecto y no pudo haber sido mejor. Es una adaptación del libro del mismo nombre que nos cuenta la historia ficticia –aunque basada en lo que se conoce del dramaturgo– de cómo William Shakespeare concibió una de sus obras más importantes: Hamlet. Esta decisión se aleja un poco de lo que normalmente se espera de una cineasta así, y aunque a priori pareciera que regresa a contar el tipo de historia que le dio reconocimiento, la verdad es que se adentra a algo mucho más ambicioso de lo que parece.

Hamnet = Hamlet

Con un prólogo que nos indica que en Stratford, Inglaterra durante el siglo XVI, el nombre Hamnet y Hamlet se consideraban lo mismo, Chloe y su guionista y autora del libro original, Maggie O’Farrell, no buscan contar la típica historia “de origen” que tan de moda se encuentra hoy en día. Y aunque pareciera que responde justo a esa tendencia de narrar los orígenes de todos los íconos de la cultura humana, su intención es mucho más profunda e interesante.

Hamnet pareciera que comienza de una forma tradicionalista de un romance clásico de película, pues conocemos a los dos personajes principales que en cuestión de minutos de conocerse ya se entregaron un beso de atracción y romance. Pero esto no ocurre por seguir convenciones de romcoms o romances de época, de hecho es un indicio más profundo de lo que cada personaje es en sí mismo y de lo que ve cada uno del otro.

No por nada la primera escena que nos prepara para ese fortuito encuentro está cuidadosamente montada: Agnes, la mujer y principal protagonista de la película, despierta en medio del bosque como si éste fuera su hogar, se encuentra con un halcón que pareciera tiene entrenado pero es en realidad su amigo más íntimo y la mayor conexión con la naturaleza que la rodea. Todo esto es percibido por un profesor de latín que la mira maravillado a lo lejos mientras da su clase, y es lo que motiva al encuentro que termina en un beso y fuerte deseo entre dos personajes que pareciera que se conocen de toda la vida.

La increíble puesta en escena de Zhao, la bellísima fotografía y el cuidadoso guión escrito por la cineasta y la autora original nos lleva entonces a un viaje de dos personas que buscan el reconocimiento propio y así como del otro, sin traicionarse a sí mismos pero viendo en el ser amado esa parte que los eleva a algo que quizá por ellos mismos no llegarían. No es un complemento, tampoco es que llenen un vacío, sino un reconocimiento de la otra persona que los hace encontrarse a sí mismos de otra forma, y los empuja a llegar a lugares que jamás se hubieran imaginado.

No cualquier historia de amor

Durante gran parte del metraje solo nos enfocamos en la vida que van construyendo juntos, mientras conocemos los deseos personales de cada quién y los obstáculos a los que se enfrentaron en su momento y que tampoco son tan diferentes a los que vivimos hoy en día: la familia rota que juzga a Agnes por su origen cuasi mágico y su conexión con la tierra. El padre abusivo que no baja de inútil a su hijo porque él está enamorado de las historias y solo quisiera dedicarse a escribirlas y contarlas en vez de trabajar para el negocio familiar. El entorno de la Inglaterra del siglo XVI que rige las limitantes en las que ambos se mueven tratando de encontrar la felicidad en ello.

Pero la fuerza de ambos les otorga una de sus mayores felicidades posibles a pesar de que el mundo pareciera estar en contra de. Y no es que la película abogue porque la felicidad está en tener una familia, porque no es necesario tener hijos para entender la importancia que tienen algunas personas en nuestra propia vida; es que nos muestra como lo que logran construir dos personas tan sensibles a su modo es lo que les da las razones para vivir. Los hijos se vuelven parte de ese motor y aumenta la conexión entre ellos, pero también son personajes autónomos que logran reflejar –excelentes actuaciones de los niños, sobre todo de Jacobi Jupe quien interpreta a Hamnet– lo profundas que son las relaciones humanas, en este caso las de padre/madre e hijos, pero que no es exclusivo de ello.

Más que una vida común

Soy consciente que por lo dicho hasta ahora pareciera que la película solo retrata el día a día de estos personajes, yo mismo en un momento pensé que no me estaba llevando más que a la predecible resolución de que de repente, cual si fuera biopic musical, se revelaría el personaje de Shakespeare que todos conocemos. Pero después de una gran tragedia, camino a la última media hora de película se nos dice –más bien, entendemos–, la importancia de haber conocido a estos personajes a un nivel tan terrenal; la importancia que tuvo en la vida de William haber conocido a esta mujer, haber enfrentado al padre abusivo, haber podido ser padre.

Sin querer entrar en detalle por posibles spoilers de lo que se puede esperar, el último tramo de la película es revelador al encontrar lo que Chloe y Maggie querían contarnos. Vemos a William como el escritor que sabemos que fue, pero no lo vemos como la divinidad que la historia ha forjado de él, sino como el humano que sufrió, amó y vivió todo lo que sus obras reflejan. 

Entendemos de dónde viene la importancia de su trabajo, ya que no es, como muchos otros artistas, alguien importante por el contexto de su época –que eso no está mal, solo es diferente–, sino porque sus escritos son un reflejos de nuestra propia humanidad, atemporales porque vienen desde lo más profundo de uno mismo pero también de quienes han influído en nuestra vida. Hamnet es regresar y entender la importancia de las historias que creamos; es revalorizar y reencontrar el valor del arte como catalizador de nuestra propia humanidad, 7 michividas de 7.

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