Bergman en el mundo moderno
El cine pasa por un momento extraño en el que las cintas sencillas, basadas en diálogo y con locaciones muy comunes o cotidianas, son un poco desapercibidas ––incluso cuando hablamos de clásicos como 12 angry man, a pesar de ser una pieza de culto, ya no es una cinta tan referenciada–– sin embargo estos filmes tienen el gran poder de demostrar que una historia que solo cita a sus personajes sigue teniendo más ingenio que un metraje súper producido.
Y justamente Armand es eso, claro que no se podría esperar menos puedes esta película se trata de nada más y nada menos que la ópera prima de Halfdan Ullmann Tøndel, el nieto de Ingmar Bergman, creador de películas como Autumn Sonata, Summer With Monika, etc. Producciones que basan su historia en solo escuchar a sus personajes conversar y en sus planos contemplativos e incluso en algunos casos, oníricos.
Esto es justamente lo que caracteriza a Armand, pues Halfdan deja expresadas sus inspiraciones y referencias, para crear la que hoy en día se pueda convertir en un clásico contemporáneo y que mejor que protagonizada por una de las mejores actrices del momento, Renate Reinsve.

Un guión que explota tus sentidos
Armand nos adentra a un día en la vida de una madre llamada Elizabeth (Renate Reinsve), quién tras ser citada en la escuela de su hijo, se enterará de que su pequeño, llamado Armand, está involucrado en una acusación ligada a algo grave que puede poner su integridad en riesgo. Las autoridades de la escuela, junto a los padres de la víctima y con Elizabeth, entablan conversaciones en búsqueda de la verdad, lo que les evitará que la policía intervenga en el tema.
Vivimos en una era en la que prestar atención a cintas como Armand es complicado porque no hay explosiones, no hay mundos mágicos, no hay construcción que vaya más allá de la realidad y eso se lo toman con la calma necesaria para dar ambientación, para dar estructura tanto en los personajes, como en la historia y también busca traer de vuelta la esencia de la sencillez, cosa que logra muy bien e inyecta al espectador de una tensión tan bien escrita, que olvidamos totalmente los temas del exterior.
Armand tiene un guión con personalidad propia, uno que diálogo a diálogo nos adentra al interior de sus personajes y no de una manera clásica, sino que involucra lo onírico y también involucra cuestiones físicas y emocionales, como un baile, una risa e incluso lágrimas, todo esto nos permite adentrarnos a la mente de todo aquello que se nos es presentado, inclusive de los personajes secundarios.
Renate Reinsve como protagonista es mejor aptitud de la película, pues su capacidad para encarnar personajes que deben mantener un cambio de emociones y decisiones a flote durante toda la cinta es lo que más resalta y lo que le da un plus de misticismo a los momentos en donde, parece, el espectador se sumerge en los pensamientos del personaje de ella.

Surrealismo de corto alcance…
Dentro de los puntos negativos de la cinta, tenemos un par de segmentos que recurren muy por encima al surrealismo, pero no estamos hablando de un surrealismo que se asemeje a lo Lynch, a lo Jodorowsky, etc.
Es algo que parece un sueño, como si estuviésemos viendo aquellos momentos de la serie The OA en donde la energía de los personajes se impregna y se representa por medio de un viaje emocional desprendido de un baile, y aunque estás situaciones están muy bien filmadas y muy bien coreografiadas ––además de expresar el significado ahí mismo–– nunca se terminan de sentir completas.
Es decir, hay un propósito pero al final de cada una de estas escenas, pese a que logras sumergirte en ellas, el simbolismo termina siendo nulo porque casi todo es literal, también le suma un tiempo a la película que fácilmente se puede ahorrar y el resultado final seguiría siendo el mismo.

Un fuerte mensaje social
Armand también tiene un mensaje acerca de cómo es que actualmente podemos llegar a percibir e incluso vivir en carne propia, acusaciones que nunca son fundamentadas, que no tienen ni pies ni cabeza, pero que son producto de la misma malicia humana que no se tienta en señalar.
Sin embargo, teme ser juzgada, pues el peso social y político es devastador y más cuando se juega una moral tan sensible como lo es involucrar niños en un caso de acoso y de educación social y sexual. Y este tipo de mensajes es de aquellos que necesitamos en nuestro cine y en todo lo que consumimos, pues así nos podemos llevar algo en la cabeza saliendo de la sala de cine.
Con su dirección, Halfdan Ullmann, logra recrear la esencia cinematográfica que caracterizaba a su abuelo Ingmar Bergman pues en Armand no hacen falta muchas locaciones, mucha utilería o incluso mucho cast, pues cuando la situación es tan íntima y mental, todo sale a relucir como una bala de cañón cuando menos te lo esperas, y esto es algo que se logra perfectamente en la película.
Armand no es una película perfecta y tampoco se puede considerar una obra maestra, pero al ser una ópera prima que incluso se siente que no lo es, está película sin duda alguna demuestra que la esencia del cine clásico sigue viviendo y que con poco, se puede lograr mucho, 5.5 de 7 vidas de gato como calificación.

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