La dialéctica de Misión Imposible
Sería injusto hablar de Sentencia Final tratando de colocarla en un lugar dentro de sus películas hermanas. Sin duda es un ejercicio que todo mundo hará, incluyéndome, y que después se harán consensos que nos hagan repasar lo mejor y peor de la saga. Pero hablar con justicia de ella no es sobre si Ghost Protocol o Fallout son mejores. No es necesario señalar que le sobran esos flashbacks que abundan en los primeros minutos del metraje y que a veces no dejan respirar a la historia, o de si hay personajes olvidados que tenían justa presencia pero que sin motivo no parecen.
Hablar con justicia de Sentencia Final es hablar de cómo espejea con cada capítulo de Misión Imposible, principalmente con la primera de la saga —cosa que ya hacía su predecesora— porque quiere ver su propia historia y tratar de mantenerse lo más fiel a ella. De cómo es una declaración de intenciones frente al cine más comercial que se hace hoy en día y que no pareciera realizarse con el mismo rigor que Sentencia Final sí se exige a sí misma.
Es hablar de cómo Tom Cruise, el padre encargado de hacer esto, nuevamente se entrega cuerpo y alma en cada uno de los aspectos de la película. Claro que su director Christopher McQuarrie tiene mucho que ver, él sabe manejar muy bien el ritmo y su puesta en escena es impecable. Pero el señor Cruise es sin duda la clave para que todo funcionara.

Tom Cruise siempre es la respuesta correcta
Hacerle justicia es hablar de su compromiso con filmar y realizar las escenas de acción que sostienen el peso dramático de las películas, pero también de su papel como productor y principal promotor de la franquicia. Es sobre lo difícil que es poder hacer una película como esta en medio de un Hollywood que explota fórmulas, procesos masificados e historias y experiencias de consumo rápido, a pesar de que es hija de la misma industria.
Esta sigue siendo una película que responde a las exigencias de la industria cinematográfica gringa pero no por eso se traiciona. Justo su primera entrega —la favorita de su servilleta— era un thriller de acción con el suficiente drama humano y factura narrativa de alto nivel como para marcar diferencia entre las propuestas del momento y dar paso a todo lo que conocemos de la franquicia.
Eso trata de ser también Sentencia Mortal, aferrándose a ofrecer como menú principal algo que directores como Cristopher Nolan mencionan constantemente: la experiencia cinematográfica.

Una premisa Imposible
Misión Imposible Sentencia Mortal comienza donde nos dejó la entrega anterior. Con toda la intención de destruir a la Entidad, Ethan Hunt se hizo con la llave que abre la caja que retiene el aparato donde se encuentra el código fuente de dicha inteligencia artificial, la cuál desarrolló conciencia y ahora ve a la humanidad como un ente al que tiene que controlar, o de ser necesario, exterminar.
El gobierno de los Estados Unidos intenta contactar a Ethan para poder obtener la llave aunque no con las mismas intenciones que él. Mientras Hunt busca destruir la IA, pues para él es inconcebible que el poder y destino de la humanidad y el planeta esté a merced de un solo ente, el gobierno intenta convencerlo de entregar la llave y controlar la IA argumentando que la destrucción de La Entidad sería la muerte del ciberespacio y con ello el colapso de la civilización como la conocemos.
Nuestro protagonista es completamente firme en su posición, toda su odisea no es para que cambie, evolucione y con él los personajes que lo acompañan, es simplemente para demostrar que tenía razón y que salvar al planeta y a la humanidad debería ser lo más importante.

La antología de una Inteligencia Artificial
Y aquí seguro exageré, pero todo esto puede tomarse como una perfecta analogía sobre lo que la propia película significa: una superproducción que busca ir a contracorriente respecto a la industria en la que vive, en donde la IA de la vida real ha ganado terreno, desplazando a las personas que hacen posible el sustento de todo el negocio, donde los jefes de estudio no buscan resolver la evidente amenaza que significa esta tecnología sino que buscan controlar para el beneficio propio.
Tom Cruise lleva años queriendo demostrar un punto al ponerse él mismo a realizar la gran mayoría de sus escenas de acción. No es solo porque evidentemente le guste llevar sus capacidades al límite, es querer empujar a la propia industria a seguir descubriendo nuevas formas de hacer películas y que se sigan sintiendo reales a pesar de que sean “historias sencillas” —con muchos millones de dólares, eso sí— sin grandes complejidades humanas. Y esto en el contexto actual de las IAs es más importante de lo que parece.
Sentencia Mortal es la película de la saga con menos set pieces, de hecho gran parte del tiempo es un intercambio de diálogos y momentos dramáticos políticos donde nos explican la complejidad de la siguiente misión y lo imposible que puede ser, pero también el intercambio de ideas radicales que los personajes representan.

Trenes de pensamiento de todos los sabores
Aquí tiene un papel importante Gabriel, el fiel seguidor de La Entidad que conocimos en la entrega anterior y que también está tras Ethan y la llave. Él es la representación de quienes desean poder por el poder, de las personas corrompidas por la grandiosidad del saber y es uno de los aspectos más humanos de la cinta —-ciertamente es un personaje menos aprovechado pero más interesante que varios antagonistas de toda la saga.
Sorpresivamente hay espacio para muchos otros personajes, teniendo un peso importante el personaje de la presidenta de EUA interpretado por Angela Basset, y un viejo muy viejo conocido que tiene un papel importante en el último arco de la historia y que no pretendo spoilear. Pero curiosamente lo que considero el aspecto más tangible y real de la película no son estos momentos ni estos personajes, sino cuando llega el momento de la acción.
Su factura es tan elevada e impecable que se siente humana y verdadera, el hecho de que Cruise haga todos los stunts usando CGI solo en momentos muy necesarios hace que la película se sienta real, tangible y sumamente emocionante. Y no es por el hecho de saber que Tom hizo todas las locuras que se muestran en pantalla, es porque el rigor con el que se realizó la película es evidente en las imágenes que vemos en pantalla.
Y quien lea esto dirá “bueno qué tiene de especial eso sí lleva haciéndolo en todas las películas” y tiene razón, pero quizá es algo que no se pueda explicar con palabras hasta vivir la experiencia, esa que tanto menciona el actor y otros tantos cineastas.
Una Misión memorable
Tal vez es difícil convencer de la importancia de una producción así a gente que está acostumbrada a ver en pantalla hazañas imposibles, criaturas que solo existían en la imaginación, y miles de cosas que las imágenes generadas por computadora nos han dejado.
Y eso tampoco es que esté mal. esta pluma nunca va a criticar las capacidades de las tecnologías que se han creado gracias al cine. Pero es que no importa qué criatura o momento fantástico se pueda crear, no hay nada que pueda compararse a ver a Tom Cruise correr lo más que pueda de nuevo por las calles de una metrópoli, o a verlo bucear en el fondo del mar donde lo rodean las imágenes más espectaculares que han plasmado en la franquicia, o verlo pelear arriba de un avión en una escena donde evidentemente todo lo que se está viendo en pantalla es real y no un set de pantalla verde.
Nada puede compararse al momento de llevar al límite las capacidades de hacer cine como él y todo su equipo se propusieron hacer, y son tantas cosas que pusieron en juego que por eso no puedo dejar de pensar que quizá este supuesto cierre de la franquicia es la película más importante de Tom Cruise hasta el momento.
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