Los Argonautas para una nueva generación
Para gran parte de la audiencia actual los nombres de Jasón y los Argonautas pueden no significar mucho. La última obra mainstream que los tomó como inspiración fue la película de 1963 Jason and the Argonauts, dirigida por Don Chaffey.
Esta adaptación libre del mito griego sobre la búsqueda del vellocino de oro destacó por su épica y efectos especiales innovadores, convirtiéndose en un referente del cine. Sin embargo, a diferencia de otros mitos griegos más populares, como los dioses del Olimpo o Hércules, esta historia ha sido menos adaptada y referenciada en otros medios.
Entonces, ¿qué motiva a un modesto estudio francés de animación a retomar este relato para una película con animales antropomorfos? Probablemente el querer satisfacer a una audiencia infantil, su amor por la animación, el humor y un sentido clásico de la épica que, a pesar de decisiones creativas cuestionables, logra funcionar.

Nada en esta cinta debería funcionar… pero lo hace.
En Argonautas, no tenemos a Jasón ni a los Argonautas tradicionales, más bien es una especie de secuela que sigue la historia de Patty, una ratoncita aventurera, y a su padre adoptivo, Sam, un gato vegetariano. Ambos viven en Yolcos, una ciudad griega protegida por el vellocino de oro que décadas atrás Jasón y los argonautas consiguieron.
Son parte de una comunidad de animales que viven en una sociedad paralela a la de los humanos quienes no tienen idea de su existencia. El conflicto surge durante una celebración en honor a Zeus, cuando Poseidón ––celoso––, amenaza con inundar la ciudad si no se construye una estatua en su honor.
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Jasón, ya anciano, se dispone a emprender la misión pero claramente no está en condiciones así que recibe la ayuda ––sin su conocimiento–– de Patty, Sam y un ave parlanchina sin un ala que, de una escena para otra, se vuelve parte de los protagonistas después de presentarla con la única canción del único momento musical de la cinta. Juntos deciden buscar el tridente necesario para apaciguar a Poseidón, a pesar de que Sam está renuente pues nunca deja de preocuparse por el bienestar de Patty, su hija.
Todo esto ocurre durante los primeros quince minutos de la película y en todo momento son notorios los pequeños desastres que la constituyen. Las decisiones artísticas claramente influenciadas por el estilo estadounidense resultan poco originales; los numerosos personajes secundarios ––ratas ninja que parece que salieron de Ratatouille, aves parlanchinas, humanos irrelevantes, más ratas–– que no llevan a mucho, aunque sí aportan momentos clave más adelante en la historia, y una ciudad vibrante pero poco original con diseños que recuerdan a Pixar.
Patty y Sam lideran la trama, una llena de clichés y lugares comunes, y su desarrollo se ve por momentos opacado por darle tanto espacio a todo ese collage de estilos, personajes y de momentos que no aportan a la historia. Sin embargo, esto no termina por ser un problema pues sorprendentemente todo funciona gracias a que estos momentos están llenos de gags sumamente divertidos que vuelven entretenida a la historia.
¿Ratas ninjas que copian a Naruto son modelos reciclados? No importa, dan gracia. ¿Jasón que es el cliché del anciano que no puede hacer nada por los achaques de la edad? Es carismático. ¿Los dioses que hacen todos los chistes ya vistos y por ver? Son muy divertidos.

La epicidad del relato también ayuda a levantar la cinta
Y hablando de los dioses, la película justo al querer ser tantas cosas a la vez, se da el tiempo de retratar a los dioses como en verdad se piensa que fueron: seres omnipresentes que eran todo menos sabios. Dioses que solo buscan la veneración de los humanos y que frente a cualquier cosa reaccionan de las formas menos sensatas posibles. Todos son retratados con un tono ligero y cómico, ideal para el público infantil pero lo suficientemente ingenioso para entretener a adultos.
Estos personajes tan radicalmente diferentes a los protagonistas de la película son el punto de convergencia principal para poder retratar la epicidad del relato, lo cual termina siendo uno de los elementos más destacables de todos. Hay aventura y acción desde el momento en que deciden emprender el viaje, en su camino por el mar para visitar otros puertos, y en la llegada al punto donde encontrarán lo que necesitan para poder saciar la sed de de Poseidón.
En todo el camino ocurren los momentos y encuentros más absurdos, sin sentido e inverosímiles pero siempre construídos con un sentido muy claro de la aventura, lo épico y la comedia. Y es que quien no se va a divertir si el kraken al que se deben enfrentar es enviado por los dioses para su mero entretenimiento, y además resulta que es un que se la pasa llorando y necesita de una cobija y una canción de cuna para calmarse. Bueno, describiéndolo de esa forma no suena para nada como una buena idea, pero justo es eso donde la película encuentra su valor: hace que esos momentos funcionen en pantalla.
Es tan mala… que es buena.
Para un ojo exigente será fácil señalar todas las malas decisiones que la película toma, pero la valoración de cualquier producción audiovisual también debe considerar la intención de la misma y Argonautas evidentemente solo quiere que la audiencia se siente hora y media a divertirse.
La historia principal siempre son Patty y Sam, una relación clásica de padre e hija donde a él le cuesta aceptar que ella ha crecido y quiere salir a conocer el mundo, y ella debe encontrar su camino descubriendo en ella misma cosas que no conocía. Por ese lado, la trama es lo suficientemente interesante para que no se vuelva una película que no tiene absolutamente nada que ofrecer.
Ese tipo de relatos mitológicos siempre son buen material para contar cualquier tipo de historias, pero el corazón de la película no está en eso, está en que cada uno de los momentos cómicos, cada uno de los momentos de aventura y cada uno de los diálogos están lo suficientemente bien escritos que no importa todos los errores que comete y lo impersonal que puede ser.
Perfecta para compartir con los más pequeños, y porqué no, para que alguno de ellos se interesen en esos relatos históricamente relevantes como lo son los mitos griegos. Quizá no conocerán Jason and the Argonauts de 1963, pero se reirán de un Zeus panzón, cíclopes tragones y escorpiones con los mejores buenos modales, 3.5 michilifes de 7 a esta película que Zima trajo a México.

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