Aquellas montañas desheredadas
me conquistaron enseguida.
Me fascinaba el desamparo de sus habitantes,
pero también su inteligencia y su apego a su remoto país,
a su ¨tierra sin pan¨.1
Tan delgado como un cabello
En el arábe, la palabra Sirat hace referencia a un camino. Sirat es efectivamente eso, el camino mítico del héroe que subyace en lo más profundo de un abismo, emocional y físico, hecatombe idílica; sendero de horror aunado a la verdad interior.
Sirat es una película muy especial, realizada en material fílmico, ¨la plata más noble¨2, expresaría el director en una entrevista, donde el artefacto se verá falso en medida de que no se narré con honestidad. Y es que la película no solo es Buñueliana por las representación de arquetipos y personajes olvidados y underground —al puro estilo de un Simón del Desierto (1965), por mencionar una de todas—, sino que además se confiesa como una cinta que primero se sumerge en el ambiente y luego filma.
Es además una estructura más cercana a la realización documental que a los producidos productos de espacios más remunerados, pues no solo filma la cultura rave, sino que se sumerge en ella con un halo de investigación y admiración. Es así que la secuencia inicial es de corte documental, con miembros reales de esta subcultura explotando por la música.
El hilo mental que me ha dejado esta película puede que sea tan delgado como un cabello, pero la tensión es industrial, irrompible; no me queda claro si solo estoy en shock después de ver una película por demás impactante, o si la inercia se mantiene aun después de conocer el destino de los protagonistas, sea como fuere, no hay pierde, es necesario verla.

Khatarsis
La cultura del rave —como cualquier otra que se despliegue de lo urbano—, ha adquirido tintes de estatus que poco tienen que ver con la realidad de donde se gesto este tipo de música, y como de hecho pasa con el Jazz o el Reggaeton, la clase social en donde se revienta la cultura de estas formas expresivas termina por ser diferente a cómo comienza a ser consumida en el mainstream.
Pero el espacio del rave es mucho más profundo que un DJ tocando la canción de Tik Tok en turno, de drogas que cuestan cientos de dólares, o de ofnis que dejen enseñar toda la carne posible. Oliver Laxe entiende bien de donde surge la cultura del rave, porque se sumergió en ella antes de siquiera proponerse filmar su ficción.
Por eso no elige cuerpos que la moral en turno considere estéticos, en todo caso elige a actores naturales, personas que realmente podrían confrontar la adversidad que van a protagonizar, y les brinda el encuadre para contar una historia fatalista y de catarsis humana. Imposible sería contar esta historia con la honestidad que lo hace Oliver si un Javier Bardem y una Penelope Cruz tuvieran los personajes protagónicos.
En una película no solo hay directores y actores; nos hemos vuelto tan reduccionistas al decir que una pieza es buena porque su actor es bueno; nos olvidamos que la esencia del cine es contar historias mientras se esculpe en el tiempo; los actores son una herramienta expresiva, su importancia fundamental reside en narrar cuál modelos lo que el realizador desea. De pronto se ha vuelto tan extraño ver películas que no buscan condicionar la emoción con el diálogo, y de diálogos realmente potentes pensados para ser simbólicos, nunca para contarte la historia a través de.
Y si no vas a poner a tus personajes a parlotear, entonces tomas las demás armas que te quedan y llevas tu expresión al siguiente nivel; así lo hace Oliver cuando suma la música de Kangding Ray a su película, no entendiéndolo como un compositor, sino como un narrador sonoro que llena de energía, frustración, dolor y catarsis las secuencias, y que deja un OTS para escuchar una y otra vez —como de hecho lo hice mientras escribía este texto.

¡Haz que explote!
Sirat es además en el Islam un puente finísimo que cruza el infierno, lo que se vuelve revelador si lo comparás con el descampado con minas por el que cruza la ficción, pero además lo es en el espíritu de este viaje tan pesado y violento por el que atraviesan nuestros personajes.
Un padre que busca a su hija mayor a lado del heredero menor y su perro; ella no desaparece de manera violenta, sino que se aleja de una sociedad que no la ha sabido entender, sumergida en los raves del desierto de Marruecos. Al tiempo, un grupo de ganadores imposibles se desvían a una gran fiesta del otro lado del desierto, a la que solo pueden llegar fuera del camino, porque tomarlo los colocaría frente a fuerzas militares que podrían diezmar su tendencia.
Y en medio de la premisa, la anécdota del viaje imposible a través del desierto y la forma en la que se sobrevive ahí se convierte en una explosiva colección de humanidades reencontradas, valorizando a las personas que crean sus familias en estas comunidades que desde afuera se observan como marginales o de outsiders —aquellos otros que Buñuel siempre retrataba.
En estas familias desérticas incluso se encuentra más comunidad que en un hogar arquetípico y tradicionalista, y aunque si bien Oliver no es el primero que filma de esta manera, ni expresa con esta búsqueda, sí que propone un alucin visual de valor inconmensurable —solo hay que pensar en lo difícil es lograr una estética tan hermosa en un desierto, sumado a la realización en formato cine.
Sirat es mucho más que una ganadora del Premio del Jurado en CANNES, y sin embargo ningún tipo de palabra sirve para expresar lo que es, porque el cine hay que verlo, no leerlo. 6 de 7 vidas de gato a esta explosiva pieza que estoy seguro acota entendimiento humano, catarsis y un rave al que seguro no vas a querer llegar.

- Buñuel, L. (1982). Mi último suspiro. ↩︎
- elDiarioes (2025). SIRAT por dentro: OLIVER LAXE analiza cuatro escenas de la película · ANATOMÍA DE UNA ESCENA. España. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=qZrP0EpVt0k durante enero de 2026. ↩︎
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