Una película China que no trata de Tom y Jerry

Tom y Jerry viajan en el tiempo. Tras una loca persecución en el Museo Metropolitan de Nueva York, un portal del tiempo los transporta a una ciudad dorada inspirada en la Antigua China, llena de magia, guerreros y criaturas sorprendentes.

El pretexto perfecto para introducir a una audiencia occidental a tu discurso

¿Recuerdas cuál fue la última película de China que viste? A pesar de que la cultura China está apropiada en todos lados –comida, barrios, formas en que nos expresamos de las personas– la realidad es que todo lo que suele llegarnos sobre esa forma de vida legendaria es apenas una filtración americana de su antropología.

No sería una sorpresa que tu comida favorita sea la china, o que hayas crecido con Mulan (1998) o Kung Fu Panda (2008) como tus películas favoritas, vaya, incluso sería normal que Bruce Lee fuera uno de los ídolos de tu padre –incluso tuyo. La realidad es que todo lo anterior solo es la punta del iceberg en una cultura mucho más profunda, y que difícilmente ha sabido encajar en el mundo occidental.

Véase con Ne Zha 2, una de las películas más taquilleras de la historia, pasar sin pena, ni gloria por las salas de cine mexicanas; lo anterior es un síntoma de rechazo a una cultura que choca con lo que pensábamos entender de ella –pensamiento inducido por el cine gringo.

Y como si de una ironía se tratase, China consigue los derechos para trabajar con una IP clásica de USA, y así como el país vecino manipuló la cultura para transmitir mensajes occidentales, China ha manipulado a los personajes de caricatura para meterte por todo lo alto una película que onda por el pensamiento oriental más pragmático.

Una película de Tom y Jerry, que no trata sobre ellos

Solo hay una forma de que la falsa publicidad no me moleste, y es que lo que me presentes este más cabrón de lo que me imaginaba, y eso es precisamente lo que pasa con La brújula mágica; ya por ahí leí –de algún intelectualoide de reseñas pobres– que podrías quitar al gato y al ratón de la película y no pasaría nada. Mentira.

Si bien Tom y Jerry son la excusa para acercar a los casuales a una película que ni por asomo verían por decisión propia, su lugar en la trama es fundamental para que puedas conectar con ella; hay demasiadas formas, colores, mitologías y sonidos que son completamente extraños, y ver a Tom y Jerry correr por ahí nos ayuda a no sentirnos en una isla donde nadie habla nuestro idioma.

Es reduccionista pensar que quitando a los personajes que te atraen a ver el largo la historia sería lo mismo, y pareciera de una concienzuda mentalidad que avoca a que el cine es arte antes que un negocio. Más importante, como realizador se busca que tu discurso pueda llegar más allá, que las personas paguen un boleto por verte, y es muy difícil contar una historia original en el mundo contemporáneo.


Y así como los gringos llevan décadas aprovechándose de diferentes culturas para dar sus mensajes de ortodoxia antropológica (Coco, El libro de la selva, Big Hero 6, etc.), cualquier otro estaría en su derecho de pagar por el uso de derechos de personajes amados que llevan a la nostalgia y generan dinero en taquilla.

Liebre por gato

Me es difícil imaginar que alguien pueda superar los cortos de los años 40 de Tom y Jerry, eran tan frescos y divertidos que han quedado enmarcados en el imaginario colectivo de manera innegable. Por eso, aunque esta película no trate de ellos, ni tengan algún tipo de arco de personaje que nos haga quererlos más de lo que ya lo hacemos, sí ayudan a traducir ideas a un mundo occidental –porque no tengo la duda de que la finalidad era ser un éxito dentro y fuera de China.

La historia que seguimos es la de un Dios venido a menos por no poner demasiada atención en sus acciones, obligado a permanecer 300 años cuidando de un templo –y a la ciudad a su alrededor–, para encontrar la iluminación espiritual  y el McGuffin de la película: la brújula mágica.

La anécdota transcurre en la antigua china, y desemboca justo a horas de cumplirse el plazo establecido para ese Dios que se nos ha sido presentado, cuando Tom y Jerry viajan en el tiempo desde Nueva York hasta China gracias al poder de la famosa brújula.

Y de aquí en más es una megalomanía: un rap en chino sobre Tom y Jerry, ratas que administran tecnología atemporal, líos de faldas y traiciones, bastantes traiciones. Todo mediado entre el Dios conflictuado y una Mega Ratota resentida con los Dioses, que son quienes realmente evolucionan como personajes en esta historia.

Sabiduría ancestral

En occidente hemos recibido esta película de manera fría, en IMDb no alcanza ni las 4 estrellas de puntuación, lo que es realmente bajo comparado con las muchas virtudes de la película. Tampoco me sorprende, yo mismo me niego a acercarme a la cultura China de lleno –lo que ahora considero un error, y habla de lo maniqueo que ha sido el cine americano en mi vida.

Si tienes la oportunidad de sumergirte en esta aventura de Tom y Jerry en el espacio/tiempo, sí que creo deberías de darte una oportunidad. Aunque ojo, como en todo, hay política de por medio, y hay fuertes intenciones de sesgar ideologías mientras la narrativa te atrapa. 

De igual manera no creo que sea un gran película de visionado obligado, en momentos es estruendosa para el ojo maduro, y puede hasta generar dolor de cabeza si vienes de dormir mal. No somos el público objetivo las personas que escribimos sobre la peli, pero también hay que saber separar la experiencia de la opinión mediocre.

3 vidas de 7 de Tom de calificación para esta película, entretenida, con corazón, manufacturada, blanqueadora de ideas y super divertida. Si hay forma de que la vayas a ver con niños cercanos a ti será un gran plan.

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