Autos, mota y rocanrol: El resurgimiento de Avándaro en la gran pantalla.

1971. Justino y el Negro querían organizar unas carreras de coches y un pequeño concierto. Pero todo salió mal y terminaron haciendo el concierto más grande de la historia de México: el festival de Avándaro, descrito por la prensa como una asquerosa orgía hippie de encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre y muerte suficiente para hundir el negocio y salir huyendo del país.

La reimaginación del concierto más icónico de México

México a través de los años se ha convertido en un país marcado con sangre gracias a una serie de represiones políticas y violentas contra los jóvenes; el Halconazo, la Matanza del jueves de Corpus, y claro el año ´68 ––cuando vivió aquel fatídico Octubre en Tlatelolco, marcando nuestra historia para siempre.

La película retrata una serie de temáticas: jóvenes luchando contra esta satanización de la cultura e incluso de sus propios derechos; la llegada a un lugar en el que se espera que suceda una gran carrera de autos que llame la atención de las grandes audiencias y grandes inversionistas; atraer eventos de gran calibre a México; un evento que se termina convirtiendo en un grito de libertad que terminaría en boca de todo el mundo.

La nueva película de José Manuel Craviotto titulada Autos, mota y rocanrol, falso documental que además usa material de archivo real, nos transportará al día a día de los organizadores de Avándaro, festival que marcaría la historia del país y también, la historia del rock mexicano.

Además esta historia se encuentra filmada en celuloide  para poder darle las texturas y la estética de una película filmada en la época, sumado a que la cámara tiene una cercanía con el espectador bastante atrevida, ya que sigue a los personajes de cerca y no solo eso, ya que quienes portan la cámara también son partícipes de la historia y siguen cada acción y cada reacción del resto del cast, haciendo todo mucho más dinámico y entretenido.

Megalomanía por los autos

En Autos, mota y rocanrol nos adentrarnos a la vida de Eduardo López Negrete (Alejandro Speitzer) y de Justino Compeán (Eduardo Zurita), un dúo de amigos privilegiados y ambiciosos que buscan aprovechar los recursos y el apoyo que tienen con amigos y familiares, para llevar a cabo una gran carrera de autos destinada a celebrarse en Valle de Bravo.

La carrera tiene como objetivo atraer al público a los eventos de automovilismo en México, y también buscar que estos mismos regresen al país. Aunque la idea es apoyada por muchos y rechazada por otros, termina teniendo un giro inesperado ––para los personajes–– cuando al incluir Música Chicana como un evento de relleno, el ortodoxo evento de autos termina convirtiéndose en un concierto masivo lleno de jóvenes sesenteros en busca del poder de expresión.

En Autos, mota y rocanrol el director José Manuel Craviotto busca llevar a las pantallas de cine la esencia de Avándaro, este evento que cobra vida en una era de represión, que choca con lo sistemático, con los ideales y con la moral de miles de personas mexicanas. 

La realización está hecha con base a archivos tomados con sus respectivos permisos de la universidad nacional autónoma de México, y también jugando con la ficción, dándole historia a cada una de las grandes personalidades que se vieron envueltas en este desenfrenado evento.

Archivo, cameos de época y rock

El material con el que la película es filmada se convierte desde el minuto uno en su sello de autenticidad, ya que usa cada una de las grabaciones para poder crear una historia que gire en torno al punto de vista de los organizadores, esto con el fin de explorar lo que fue Avándaro desde las entrañas, pero también funciona para explorar lo que no fue desde las ideas y sentimientos de ambos organizadores de este encuentro.

La película, por momentos, pareciera dar guiños a lo que en algún momento fue Forrest Gump, metiendo a cada uno de sus personajes en material real e incluso histórico, para poder retratar lo que quieren, también incluyendo a personajes de la vida real que estuvieron involucrados en el suceso, como Vicente Fox, que tuvo que ver con la arriesgada decisión de incluir música en Avándaro. 

De igual manera, tenemos cameos increíbles de personas involucradas en la escena del rock actual, como el vocalista de Enjambre, Humberto o incluso Truco, baterista y compositor en Little Jesus, gracias a todos estos elementos es que la película se puede sentir como una celebración al rock nacional y a la historia que se ha venido formando junto a él.

Tándem fresco y sin igual

Alejandro Speitzer y Emiliano Zurita simplemente son excepcionales como protagonistas y es que no pudieron haber hecho una mejor decisión con este elenco, pues su química florece de manera tan natural y orgánica, que es imposible tener un favorito conforme va avanzando la historia, ambos se meten de lleno en su rol y dejan ver cómo es que era la juventud de aquellos años, incluso cuando las cosas se les salen de control. 

Y es aquí, en donde estaremos de acuerdo con Craviotto, que durante la conferencia de prensa mencionó “No hemos visto una gran dupla en el cine mexicano como esta, desde Y tu mamá también“.

Autos, mota y rocanrol, no solamente en una celebración al rock nacional, también es una celebración a lo que es el cine mexicano, a los talentos que se encuentran en él y también se celebra la cultura de México y este evento que ha formado parte de la memoria del país desde hace más de cincuenta años y que hasta ahora, sigue siendo uno de los grandes referentes en cuanto a eventos masivos.

Sin duda alguna este largometraje mexicano se convierte en uno de los mejores del año y una de las mejores propuestas que encontrarán dentro de esta cartelera de septiembre en cines mexicanos. 7 de 7 vidas de gato a la locura de Avándaro.

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