Momentos nostálgicos me invaden.
Lloro fuerte en este mundo cruel.
Este sentimiento solo crece a medida que envejezco.
No quiero perder nada más.1
Una espera infinita
2020 es un año marcado en la memoria de cualquier persona en este mundo. La pandemia había invadido nuestra vida cotidiana, lo que sabíamos conocer ahora se transformaba para darnos inmundicia mental. El inicio de la pandemia nos reveló ante nuevas formas de experimentar la vida, y aunque puedo decir que el anime siempre formó parte de mi vida, en aquella época sentía una aversión ante las nuevas propuestas como Demon Slayer… la cotidianidad del encierro cambió eso.
Un día sin pensarlo comencé a ver Kimetsu no Yaiba en alguna página con parche en el ojo ––hoy 2025 es totalmente innecesario hacer eso con la obra Koyoharu Gotōge, incluso la pasan doblada en español latino en televisión abierta. Lo que encontré en esta historia fue una producción impecable que cambió el curso de lo que hasta ese momento conocíamos como anime.
Al finalizar los primeros 26 capítulos ––los únicos emitidos a nivel internacional para la época–– en seguida comencé a leer el manga en una página de dudosa procedencia, la publicación acababa de terminar en Japón. Lo que mi mente vivió los siguientes meses fue emoción, tristeza, amor y mucha acción, no es que Demon Slayer sea la mejor obra narrativa de la historia ––es de hecho muy mediana––, pero para mí ––y sé que para muchos más–– fue la forma de salir de un ciclo de hostigamiento mental para el que no estábamos preparados.
Y con el estreno de Mugen Ressha-hen en cines japoneses en octubre de ese mismo año, el fandom estaba más ardiente que nunca, no teníamos ni idea sobre si llegaría a pantallas mexicanas, o si tan siquiera las pantallas mexicanas estarían disponibles para proyectarla. La emoción del público japonés no se dejaba esconder, y la piratería ni siquiera había llegado a nuestra región. La espera para ver la primera película de Kimetsu no Yaiba fue infinita.

Llegando a nuestro destino
El 22 de abril de 2021 por fin llegó El tren infinito a limitados cines mexicanos, ya existía la nueva normalidad, pero aún era complejo permitirse ir a las salas de cine. La experiencia alcanzó un nivel diferente cuando las primeras funciones anunciadas quedaron en sold out a los minutos, todos queríamos ver la película de Demon Slayer acomode lugar.
Por fin conseguí boletos para ir con una persona que en esa época había logrado convencer de que viviera la historia de Tanjiro junto conmigo, estaba seguro de que ya no iba a conseguir boleto edición especial, pero al menos la espera había terminado, aunque tuviera que ir al cine más inhóspito de la Ciudad de México.
A las 3 de la tarde el complejo estaba a media capacidad y solo había personas para ver la función de Demon Slayer; algunos en cosplay, otros que no tenían nada que ver con el consumidor regular de estos productos, todos emocionados hasta la piel, así fue cómo vivimos lo que muchos habíamos leído, la épica batalla entre Rengoku y Akaza superó nuestras expectativas.

El viaje de vuelta
¿Alguien más tiene la sensación de que han pasado demasiadas cosas entre abril de 2021 y agosto de 2025? Son apenas cuatro años, pero me siento como una persona completamente diferente, ya no convivo con las mismas personas, mis sueños están en pausa por las adversidades de la vida adulta, han muerto personas que amaba.
Cualquiera fuera de este fandom seguramente tomará mi percepción como enajenada, pero estos últimos años me he convertido en adulto a la par de que veía avanzar la historia de Tanjiro en animación. Quienes hemos estado aquí sabemos que ese esfuerzo y el sacrificio que este tipo con la cabeza dura ha realizado es simplemente inspirador, más de uno hemos intentado mejorar nuestra respiración día a día, y sobre todo, hemos madurado.
Hace poco más de una semana, gracias Konichiwa y Aniplex ––y por supuesto que a mi casa Un Gato en el Cine–– tuve la oportunidad de volver a experimentar en pantalla grande uno de los eventos más importantes de la animación japonesa en esta década, y fue sublime.
Mi mente piensa diferente, pero mi corazón no deja de vibrar con el conflicto de Rengoku, mis lágrimas se expresan en mi cuerpo aunque ya sé lo que voy a ver, y no por una muerte anunciada, sino por una voluntad heredada. Adoro estar vivo en 2025 y poder seguir viviendo esto en la mejor calidad posible, gracias vida por la narrativa y por dejarnos conectar con ella, ojalá cualquiera que esté perdido pudiera encontrar algo que lo motive a nunca rendirse y a mantener su corazón siempre ardiendo.
Sé que ya vieron esta película montones de veces, pero créanme cuando les digo que verla en el cine no tiene comparación, y lo dice alguien que ya la vio hasta el hartazgo y volverá a vivirla hoy después de publicar esta crónica.

- LiSA (2020). Homura. Sony Music Lables Inc. Japón. ↩︎
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