La premisa más increíble
Imagina que eres fanático de la música y que un día por razones del destino ganas el premio mayor de la lotería, no solamente una vez, sino dos veces y puedes comprar un hogar alejado de la gente y no solo eso, sino que puedes pagar un concierto solo para ti en este lugar, uno de un grupo que parecía haber desaparecido del cual eras bastante fanático hace años.
Esa es la premisa que vive Charles (Tim Key), un hombre que parece tener todo pero descubriremos en esta hermosa y cálida historia dirigida por James Griffiths, La balada de la isla, que hay mucho más allá.
En la película conocemos a Herb McGwyer, un músico que está comenzando su carrera en solitario, el cual es contratado para dar un show privado en una remota isla en la cual conoce a Charles, un hombre extrovertido y solitario.
Pronto descubrimos que Herb fue quien lo contrato y no solamente a él, pues también invita a una mujer llamada Nell Mortimer (Carey Mulligan), quién resulta ser ex pareja de Herb y también su ex compañera del dúo musical al que pertenecía, dúo del cual Charles es fanático y busca poder reunirlos para escucharlos una última vez y recordar a su difunta esposa.

Una comedia romántica sencilla y admirable
Sucede algo curioso con las comedias románticas hoy en día, pues pasa que aquellas que son más sencillas y se inclinan a contar algo que parece ser personal, son las mismas que ofrecen algo dentro de su narrativa y buscan abrazar al espectador y justamente esto es lo que pasa con esta cinta.
Hay un guión que no busca ser ambicioso y contarte la historia de por qué es que ambos músicos se separaron, tampoco opta por querer contar a fondo lo que ha pasado con Charles, en cambio tenemos conversaciones simples y cero complejas acerca de estos temas y se inclina por dar un mensaje acerca de soltar el pasado y vivir el presente, arriesgarse a salir de nuestra zona de confort y abrazar lo que venga, todo esto escrito de la manera más humana posible, combinando la comedia, el drama y el romance.
Hay algo dentro de este metraje que lo hace mágico y es que no recurre a los clichés que a veces el género utiliza de manera muy salvaje ya sea para cerrar un arco narrativo o para abrir otro. Aquí, sin hacer ningún spoiler, no hay regresos inesperados, no hay cartas que digan lo que los personajes mismos pueden decir, no hay giros bruscos, no hay frases innecesarias, todo esto se omite y se desarrolla con base a la historia, a la música y a lo que quieren transmitir, eso es lo que logra que la película se sienta íntima por su manera de ser contada.

Un gran trabajo de personajes
El soundtrack tiene una selección de canciones cuidadosa y que también logran adaptarse a la óptica de todo lo que podemos considerar visual, desde los paisajes hasta los planos utilizados para tener a los personajes en cuadro; fuera de lo visual, ayuda a que las conversaciones tengan un sentimiento y no solo sean diálogos al aire.
Los personajes están muy bien construidos, no es necesario conocer su pasado para conectar con ellos, también hay un desarrollo muy bien escrito con el personaje de Herb que comienza siendo alguien interesado, inmaduro y que solo piensa en él, pero termina siendo algo diferente y su desarrollo de verdad lo sientes como espectador.
También tenemos a Carey Mulligan, su personaje es la contraparte de Herb y que probablemente es quien le da ese golpe en el estómago a la audiencia por sentir que con ella se está cerrando un ciclo que aunque lo desconocemos en su totalidad, sabemos que es significativo..
Y por último Tim Key, que solo demuestra la calidad de actor que es con su personaje, lo fácil que puedes empatizar con él y lo reconfortante que se siente escucharlo y verlo buscar la manera de no sentirse solo en esa isla.
La balada de la isla se convierte en una de las cintas top de lo que llevamos del año; no requiere de una súper producción, de explicaciones largas y cansadas, ni de los clichés para ser funcional y lo más importante de todo, es una historia que te enseña a vivir sin mirar lo que hubo detrás de cada paso que diste hasta llegar a aquella isla en la que esperas escuchar esa última canción, 6.5 de y vidas de gato de calificación.

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