Los sueños que compartimos entre comerciales de botellas de agua y la muerte a la propiedad privada

Un viaje por comunidades en distintas partes del mundo que desafían al sistema y se vinculan a través de un sueño común: proteger la vida planetaria.

Ahogué al fantasma de la incongruencia.

Sé que no es fácil, a veces cuesta.

Los muros caen y tú los levantas.

Aquí hay vida, digo, aquí hay fuerza.

Tomé la bandera que tú abandonaste.

Salí a la calle y tú te quedaste.

Así es mi vida, dime qué tú piensas.

Mi mundo y tu mundo en un solo espacio.1

La película que Bonafont y ¡Qué Huevos Sofía! no quieren que veas

Hace unas semanas se estrenó la película mexicana ¡Qué huevos Sofía! (Carlos Santos, 2025), una comedia con toques de melodrama que enfoca su discurso en las repercusiones del alcoholismo en la vida de cualquier persona y remata con un mensaje esperanzador de que cualquiera puede cambiar, y más si hay agua Bonafont —y productos Danone— a su alrededor.

En su web, Bonafont nos menciona su promesa: 

¨Las mujeres necesitan sentirse ligeras en todo momento para poder estar al 100% y crear su propia historia, día tras día.¨2

Si el mensaje de una corporación así te entusiasma, te sorprenderá saber que esa historia de que las mujeres pueden crear al consumir este producto solo es una llave para protagonistas de películas que quieren generar una buena taquilla, y para nada representa a las verdaderas mujeres que están creando historias en nuestro país.  

Los sueños que compartimos (2025) se detiene a revisar un acontecimiento en Puebla durante 2021, cuando pobladores de la región cholulteca tomaron la planta Juan C. Bonilla de Bonafont, denunciado a la corporación por explotación del agua y secar los pozos de la zona, afectando los procesos y estilos de vida de quienes viven ahí. 

Entre las personas encargadas de tomar este espacio se encontraban mujeres de la tercera edad, quienes elegían defender su tierra y su futuro antes que protagonizar su propia tragedia personal; la planta fue desalojada en 2022 por el gobierno, y fue reactivada por Bonafont como centro de distribución. La corporación pretendió limpiar todo el mal que le hicieron a esa tierra con un mensaje de progreso y apoyo a la población mexicana, aunque en realidad solo están trabajando en su futuro corporativista.

Rebeldía organizada

Escribió Álvaro Cueva:

“Qué huevos, Sofía” es comedia, comedia de verdad. Le recuerdo: la comedia es un ejercicio de crítica social. Un género que, a través de las carcajadas, libera.

[…]

Ver “Qué huevos, Sofía” tendría que ser una obligación para todas y todos en este país, material a discutir en las escuelas, el pretexto más maravilloso para iniciar discusiones, para abrir el debate, para lograr cambios.3

Permítanme añadir, que a pesar de que el ingenio siempre debe aplaudirse, hay que tomarse las cosas de quien vienen, y aunque Bonafont no representa el discurso de tal película, sí lo financia, en un proceso que efectivamente permite el desarrollo del cine mexicano, a costa de impuestos que retornan al pueblo mexicano en forma de entretenimiento.

Lo que yo consideraría una obligación sería cuestionar si el producto de una risa o una lágrima ha decantado en el sufrimiento de muchas otras personas que no tienen el tiempo de ir al cine, porque están peleando por cuidar su hogar.

En ese entendido, visitamos Caracoles Zapatistas en Chiapas, pueblos alemanes desolados por la minería como Lützerath y un bosque en Froxán, España, donde la recuperación de un espacio ancestral enfrenta a otra corporación irriente. En todos estos espacios eligen vivir rebeldes sin rostro, que luchan por mantener a flote la herencia que la madre  tierra ha ido perdiendo. 

Con un toque de ficción —estamos hablando de un documental—, la diégesis de la historia se sitúa en 2050, y a manera de flashback, vemos algunos de los momentos que podría definir una utopía en el futuro, esos momentos son estas batallas que enfrentan los rebeldes en esos cerros, bosques y pueblos ya citados. 

Todas las estrellas juntas en un mismo lugar

Este documental trata acerca de la vida colectiva, de la desmaterialización y de la organización fuera de la burbuja capitalista. Su realizadora no podría venir de mejor estirpe, hija de Bertha Navarro, importante productora de cine mexicano con causa social, y también heredera del apellido de Paul Leduc, figura de desarrollo para el cine mexicano post-epoca de oro. 

Valentina Leduc Navarro no solo es hija de esta combinación tan potente, ES una  figura brillante en nuestro país, una de las editoras esenciales de nuestro cine documental. Con ese conocimiento ha llegado a su Ópera Prima, una pieza con una comprensión diferente y poco romántica de lo que es la esperanza. Y así como es una maestra del montaje, elige dirigir desde la sala de edición, con todo lo que eso conlleva; claro que estuvo y conoció a los protagonistas de esta película, pero el ejercicio fílmico se ejecutó detrás del monitor de edición. 

La película empezó a grabarse en 2020 y sus últimos planos son del 2024, rescatando momentos en la celebración del 30 aniversario del alzamiento del ejército Zapatista en 1994, donde un grupo de jóvenes mujeres  zapatistas expresan a través de un baile rebelde sonorizado por una vieja canción de Panteón Rococo que desafortunadamente no pasa de moda.

La directora se acompaña de una pieza increíble en este proceso, Juan Carlos Rulfo, su esposo, quien fotografía este documental y concreta esta película íntima; sí hay muchas personas involucradas, pero solo ellos dos viajaron a través del mundo para levantar todas estas imágenes. Los planos no es que sean hermosos en esta película, son retratos de deseos y espíritus que hacen lo que pueden para rescatar la tierra en la que viven.

Entre todos los mensajes y discursos en la película, rescato uno que los propios realizadores nos comentaron en la función de prensa: la posibilidad de la colectivización de la imagen cinematográfica, del uso indiscriminado del material para  expresar y narrar, un cine sin dueño, como esas comunidades representadas.

Porque desafortunadamente, cuando el cine mexicano se nutre de una corporación para su financiamiento, esa imagen deja de tener un significado profundo y pasa a convertirse en un comercial de dos horas. Cuando el cine se realiza, aunque te cueste todo lo que tienes, y esas imágenes quedan vírgenes para un uso colectivo, quizá nos acercamos más a un cine que le pueda hablar a todos pues ya no es propiedad privada. 

¨Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo¨ enuncia un cartel grabado para la película, y resume el corazón de aquellos deseados personajes que logran llegar al 2050 con la conservación de su hogar; lamentablemente son ideas que circulan por ahora solo en la ficción.

Ver Los sueños que compartimos ¨tendría que ser una obligación para todas y todos en este país, material a discutir en las escuelas, el pretexto más maravilloso para iniciar discusiones, para abrir el debate, para lograr cambios…¨ ¿o no mi querido Álvaro? 

Pero si por cualquier cosa no la has visto por sumergirte en tu burbuja, te invito a que la vayas a vivir en su estreno a partir del 05 de abril a través de Ambulante, que lleva 20 años intentando traer la discusión y debate para lograr cambios con todo el cine documental que se pueda, y sin pretextos.


Los sueños que compartimos estará presente en diversas funciones del festival itinerante, este año llegando a CDMX, Baja California, Querétaro, Veracruz y Yucatán, en ese orden, desde abril y hasta junio. Para mi 5 vidas de gato de 7, son la condición perfecta para concientizar sobre quienes sí intentan lograr un cambio.

  1. Panteón Rococo (2007). Estrella Roja. Panteón Rococo. SONY BMG MUSIC ENTERTAIMENT (MEXICO), S.A. DE C.V. MX. ↩︎
  2. Recuperado de https://bonafont.com.mx/nosotros durante marzo de 2025. ↩︎
  3.  Cueva, Á. (2025) ¡Qué huevos Sofía! Milenio, México. Recuperado en https://www.milenio.com/opinion/alvaro-cueva/el-pozo-de-los-deseos-reprimidos/que-huevos-sofia durante marzo de 2025. ↩︎

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